El futuro (y la animación del futuro)


La gran maquinaria de contenidos que es la empresa de streaming Netflix, y lo de gran es por cantidad no por calidad, de vez en cuando tiene el acierto de revolucionar el medio audiovisual con sus producciones y ese es el caso de Love Death + Robots. La serie antológica de animación creada por Tim Miller, director de Deadpool y con producción de Miller y David Fincher, es una de las grandes sorpresas del año. Una serie de 18 cortos a cargo de distintos directores que despliega una variedad de temas y técnicas de animación que se vuelven un deleite audiovisual. En varios casos, superando a muchas de las producciones animadas de la pantalla grande de los últimos años.


Los diversos cortos animados que conforman esta antología son construidos desde su historia o su estética — los mejores desde ambas— para dejar consigo pequeños relatos que en sus pocos minutos de duración logran una grandeza como piezas o ejercicios audiovisuales. Arraigados mayormente en el género de fantasía y ciencia ficción, los distintos trabajos se diferencian en estilo, temática y una corta duración que varía entre un mínimo de 6 minutos y un máximo de 17. Esto permite una agilidad y diversidad constante que no deja lugar a la saturación, si bien como toda antología a veces funciona mejor que otras, pero que en un balance entre el virtuosismo y la originalidad del proyecto, el mismo oscila entre lo excelente y lo muy bueno, con tan solo unos pocos casos de cortometrajes olvidables.

Love Death and Robots 2019

Los cortos saben establecer y construir —en el poco tiempo que disponen— grandes mundos; la concepción futurista plantea su realidad a través de pequeños detalles e ideas visuales en breve tiempo de una manera hermosa e ingeniosa. El corto titulado La ventaja de Sonnie, dirigido por Dave Wilson, sirve como una perfecta carta de presentación que da forma a una historia acerca de miedos, fortaleza e ira situada en medio de una clandestina batalla de monstruosas criaturas. El relato y el diseño del mundo van de la mano de manera orgánica, dando a entender los códigos y reglas de ese futuro de manera clara y sin necesidad de explicaciones. Así, se comprende rápidamente el funcionamiento y los códigos entre los personajes y los detalles que hacen a su civilización urbana, lo que deja más tiempo en pantalla para conocer el trasfondo de la protagonista y sus aspiraciones. Acompañado del diseño de criaturas y la batallas que es visualmente descomunal, el cortometraje prioriza imagen y contenido con la misma brutalidad estimulante con la que se le da vida a Sonnie.

Si bien el tono de la serie y su contenido visual está apuntado a un público adulto, dentro de todo lo que se puede encontrar en cada episodio se hallan una variedad de ritmos, géneros y estilos que no solo ofrecen historias de violencia y sexualidad. Es así como la dupla conformada por Víctor Maldonado y Alfredo Torres apela a un humor satírico y delirante en tres episodios (Los tres robots, El yogur que conquistó el mundo e Historias alternativas); relatos que no buscan más que ser divertidos, y si bien no son grandes historias, sí resultan lo suficientemente ingeniosas como para ofrecer poco más de 10 minutos de puras carcajadas, como lo son más que nada los primeros dos: uno que presenta a tres androides en un mundo post-apocalíptico intentando comprender a nuestra ya extinta especie con una ingenuidad y línea de pensamiento muy cercana a la humana, y el otro que presenta una aplicación que nos ofrece versiones alternativas de la muerte de Hitler y cómo influyó eso en el curso de la historia. Incluso, el corto referido a un Yogur presidencial tal vez no sea de los mejores pero el divertido concepto nos lleva a pensar que nuestro país, y muchos otros, serían mejor regidos por un lácteo — intolerantes a la lactosa abstenerse de votar.

Love, Death + Robots (Miniserie de TV)

Desde otro punto de vista divertido, pero no tan delirante, se encuentran otras cómicas historias o ejercicios puramente de entretenimiento como lo son Trajes, de Franck Balson o Punto ciego, de Vitaliy Shushko. El primero es una total maravilla que se sirve de diseños clásicos de personajes situados sin concepto o desarrollo previo, como si se tratara del clímax final de un film que encontramos ya empezado. Algo de admirar, más allá del encanto con el que es contado, es la manera en que se genera una empatía perfecta con los personajes, los cuales se vuelven entrañables apenas acabamos de conocerlos. Por otro lado, el segundo corto cuenta con un fabuloso ritmo acelerado y un estilo de animación que funcionan como su corazón absoluto. No hay una gran historia ni lugar a la reflexión, tan solo diversión y desenfreno de acción en 8 minutos —y a veces solo eso es suficiente.

Pero claro que también están esas pequeñas grandes joyas de la animación que invitan a interpelar al público y a reflexionar en profundidad sobre los temas abordados o simplemente a percibir la animación de una manera muy distinta a lo que se suele hacer. De allí nacen los mejores y más arriesgados trabajos que la serie ha seleccionado, tales como Testigo de Alberto Mielgo, Buena cacería de Oliver Thomas, Noche de pesca de Damian Nenow y Piezas únicas de Robert Valley. Una vez más la excelencia del trabajo se sirve de la corta duración, sin que ésta implique un impedimento, para ofrecer diversas experiencias de sentidos y pensamientos que rara vez son encontradas o tienen lugar dentro del formato de la serie — mucho menos en un servicio de streaming.

El primer relato mencionado quizás sea muy pequeño argumentalmente pero la forma entre psicodélica y onírica con una estética a cómic lo vuelve una experiencia adrenalínica, cuasi palpable gracias a la construcción de mundo y el realismo corporal con el que sus personajes transitan la agobiante extrañeza de la historia. En un sentido similar a lo onírico, pero con mayor presencia, se encuentra Noche de pesca. Haciendo uso de la técnica animada de rotoscopía, la cual consiste en reemplazar fotogramas reales por dibujos calcados sobre cada uno de ellos, se le regala al espectador una de las bellezas animadas más grandes y sensoriales jamás vistas en una serie a través de un viaje de dos vendedores ambulantes a la era prehistórica —tan raro como igual de estimulante.

Algo similar ocurre con Piezas únicas, un corto que nos deleita con su belleza pero que deja mucho más que placer estético sobre su imagen, siendo una reflexión sobre la búsqueda y el talento artístico que dialoga poéticamente sobre la grandeza del arte dentro de la inmensidad del cosmos sin abandonar como herramientas los elementos de la ciencia ficción. Se trata de una historia con la fuerza conmovedora del texto El sueño de la mariposa de Chiang Tzu, que nos invita a hacernos preguntas acerca de nuestro lugar dentro del gran lienzo azul —el futuro y la animación del futuro encontrado y fusionado en un mismo lugar.

Por último se encuentra la maravillosa Buena cacería, sin lugar a dudas la mejor de todas. Una historia fuerte, tierna, que fusiona la espiritualidad oriental con el imaginario visual del steampunk, subgénero de la ciencia ficción en el que predominan tecnologías o aspectos futuristas en un contexto de época victoriana. Por medio de estos elementos, la historia trata temas como la colonización europea, la llegada de la era moderna y la cosificación de la mujer; una variedad de temas abordados seriamente, que funcionan y hacen a la narración, recordando la importancia de las raíces y el espíritu, logrando cautivar en todo sentido.

Buena Caceria Love Death Robots

Pero tampoco todo es impecable con Love Death + Robots, y así como se mencionaba al comienzo de esta nota, la serie no puede evitar tener ciertos episodios que no llegan a estar cerca del nivel que rápidamente supo demostrar. Y esto sucede mayormente con aquellas historias que no optan por contar nada relevante o en aquellas que no lo hacen pero que en su tratamiento hay un dejo de vanagloria de estar haciéndolo. Generalmente esto ocurre con el recurrente estilo de efectos CGI hiperrealista o un trabajo estético de fotorrealismo que tampoco ayuda demasiado, ya que no termina siendo muy bello a la vista dependiendo de la calidad de la animación.

La serie cuenta con al menos 5 episodios que apelan a estos recursos estéticos o similares, lo cual resulta algo chocante por dar la sensación de que se busca disfrazar el aspecto animado en vez de conservarlo. Quizás el que mejor se aleja de ello, y no tanto estéticamente sino gracias a su simpática historia, es 13 de la suerte de Jerome Chen. La mala elección de finalizar la serie con un trabajo como La guerra secreta de István Zorkóczy, una especie de rejunte de escenas de videojuego de PS4, termina dejando mucho que desear en relación a la calidad del producto final. Por suerte, eso no opaca todo lo excelente que ha sabido brindar y que genera un apetito por más productos llevados a cabo de tan magnífica forma. De esta manera, Love Death + Robots ofrece un panorama del alto nivel de contenido al que la animación ha llegado y nos regala unos cuantos clásicos instantáneos para revisitar más de una vez —y tan solo eso ya la hace merecedora de ser vista.

Por Nicolás Ponisio

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