La unión que triunfa


Y llegó el final. Durante los últimos dos meses seguimos la historia de Hays, de West, de Amelia y de Julie. Acompañamos la investigación de 35 años de los detectives, intrigados por el paradero de la pequeña Purcell. Finalmente, logramos saber qué ocurrió con ella, aunque el desenlace es algo más complejo que una respuesta binaria respecto a si logró tener una buena vida o no.


La tercera temporada de la creación de Nic Pizzolatto ha logrado alcanzar un final más que digno para el gran desarrollo que tuvo en sus ocho entregas. A excepción de algunos tiempos muertos en la parte media del relato, la historia fue atrapante, los personajes empáticos, y la intriga se mantuvo hasta el final. El último episodio, pese a una extensa duración —casi del doble que el de los capítulos habituales— mantuvo la línea narrativa inamovible: la alternancia de espacios temporales, estableciendo una especie de rompecabezas que el espectador debía reordenar en su cabeza. De esta manera, se terminó de cerrar lo sucedido en los ’80 y ’90, para entrar de lleno en el 2015, el verdadero gran año.

Lo cierto es que la importancia de los sucesos del pasado fue fundamental para la historia, por lo que sería una gran injusticia cerrar la temporada sin dar una conclusión a los últimos detalles de las líneas narrativas de los protagonistas. Si bien todos se hallaban enlazados a la búsqueda de Julie, lo que sucede con cada uno, sus conflictos internos, son más que variados de acuerdo a cada etapa. Por ello mismo es necesario ver la monótona vida de Purple cuando comienza a trabajar en un puesto inferior, su infatigable moralidad que lo llevó a ello, las consecuencias que esto conllevó para su relación con Amelia; así como también es esencial ver cómo actúan los detectives ante el segundo fracaso de los ’90. Por un lado, un West indomable encabezando una pelea en un bar de mala muerte; por el otro, un Hays mucho más consciente de lo que está en juego y buscando poner orden en su matrimonio. Sin embargo, hay algo que se mantiene en todos los personajes, y es eso que a Purple tanto le cuesta decirle a su esposa: que todo —los personajes, sus relaciones y la existencia de algunos y la muerte de otros— está construido sobre la desaparición de una niña y la muerte de su hermano.

True Detective Temporada 3 Episodio 8 serie

A partir de esto es que llegamos al momento cúlmine de la vida de nuestros protagonistas: 2015, pero no sin antes mencionar un excelente diálogo entre Purple y el señor Hoyt, en 1990. El cliffhanger del último episodio había sido de los mejores de las tres temporadas de la serie. No sólo por introducir al protagonista en un auto donde aparentan estar todas las respuestas, sino porque pudimos comprender por qué lo asusta tanto al Purple de 2015 la presencia de un Sedan negro en el exterior de su casa. En el bosque se da una de las dos situaciones con mayor suspenso del episodio. Se trata de dos hombres intentando dilucidar qué es lo que sabe el otro respecto a Julie. Dos cazadores de una misma presa, pero por distintos motivos, que consideran a su rival una amenaza, aunque hay algo que diferencia a uno del otro: la familia. La carencia de la misma, permite a Hoyt ser más fuerte que Hays, por lo que, al considerar cómo afectaría a su familia que se revele lo sucedido con Harris James, Purple desiste por segunda vez.

Veinticinco fueron los años que Purple pudo soportar. Todos los logros de su vida fueron construidos sobre la memoria de Julie Purcell, y no hay peor cosa para un hombre que no poder resolver la mayor incógnita de su historia personal. Las piezas se reconstruyen, y todo apunta hacia Mr. June, el hombre tuerto de los episodios iniciales. Es aquí donde True Detective nos brinda una de las mayores secuencias de montaje de la historia de las series, utilizando solamente un auto y maquillaje. Mediante un travelling que bordea el vehículo, cada marco de la puerta sirve como intervalo para que los Hays y West de 2015 se transformen en sus versiones de los ’80 o de los ’90. El viaje es único, pero se encaminan hacia el final del mayor evento de sus vidas. La significación de este montaje es intensa, logra capturar a la perfección lo que sucede con los personajes, y no es necesario ningún trabajo actoral, sino que se logra mediante la técnica. Lo más importante de sus vidas está al final de ese trayecto, las dudas de los Hays y West de los ’80, ’90 y 2015 están allí.

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¿Tú sientes que todo se ha cerrado? Yo no”. Esta frase de West sintetiza el sinsabor que nos deja en la boca la verdad que nos revela June, pues es la certidumbre de la hipótesis que cualquier espectador ha planteado tras las pistas otorgadas en el anteúltimo episodio. Ni siquiera podemos acceder a encontrarnos con Julie, ya que ha muerto. Esta decepción se apodera de nosotros por diez minutos más, hasta que una nueva hipótesis se plantea. La posibilidad de una falsa muerte para no ser encontrada por June mueve a Hays a adentrarse en Greenland. Allí una mujer de la edad que tendría por entonces Julie, ordena su jardín con una niña de un parecido extraordinario a la pequeña desaparecida en 1980. A medida que Purple se acerca, la magnífica actuación del ahora doblemente ganador del premio de la Academia Mahershala Ali, da la sensación que el anciano está sufriendo nuevamente de un episodio de amnesia. Para cuando logra salir del auto, ya no sabe por qué está allí. Es entonces que se plantea una magnífica escena de suspenso. De hecho, es una clase magistral, pues demuestra que no se requiere ni de armas, ni de bombas, ni de apelar a lo que sabe alguno de los personajes para generar el suspenso, sino que todo sucede en el espectador. Son aproximadamente siete minutos en los que, pegados a la pantalla, nos preguntamos si Hays podrá recordar por qué está dónde está, pues ya no sólo él, sino también el espectador necesita saber la respuesta —esa certidumbre a la cual nos tiene acostumbrado el cine clásico.

No obstante, True Detective tiene otros planes para nosotros. Purple no recuerda, West no descubre la verdad, Julie no tiene un final certero. La vida carece de certezas, pero —la escena final entre Hays y Amelia lo deja en claro— la única forma de atravesarla es evitando la soledad. Y es que de eso trata la temporada, de esa unión que evita la locura en la que cae por las noches Purple o de la amargura que se apodera de West, quien supo encontrar una pequeña solución en la empatía de los perros callejeros. La vida en conjunto se vuelve más amena, la unión que triunfa es la de los ancianos en 2015, o la que podría haber tenido Julie con el jardinero, permitiéndole olvidar su trágico pasado y salir de esa jungla en la que vemos al solitario Hays de Vietnam.

Por Luciano Gerez

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