La comunidad detrás de los hechos


Nos acercamos al final de la serie con «The Final Country», uno de los mejores episodios de la temporada  (HAY SPOILERS).


Pienso escribir del crimen, pero más sobre la comunidad”. Esta frase de Amelia resume el contenido de la tercera temporada de True Detective y el séptimo capítulo lo deja en claro. La extensa dilación de los núcleos esenciales de la investigación tuvo su recompensa para quienes supieron aguardar y este episodio ata todos los cabos sueltos de impecable manera.

El comienzo de la entrega con una escena ajena en todo sentido —desde tramas hasta espacios temporales— auguraba otro episodio de exagerada morosidad del relato. Si bien el retomar de la relación de Hays y su hija tiene un objetivo más arraigado con la temática padre-hijo que desarrolla la temporada, la manera en que se trata esta subtrama, tan aislada, no logra concretarse lo suficiente, y esto se debe a que, faltando un episodio, el desmoronamiento de la relación entre Hays y su hija nos sigue resultando ajeno. Más allá de pérdidas en el supermercado, o diálogos de un anciano con la nada misma, es difícil ver esta relación más allá que desde un punto de vista temático.

Los ’80 luchan por seguir manteniendo minutos en pantalla, detallando sucesos poco relevantes, por lo que resulta curioso que una frase de este espacio temporal sea tan impactante como la de Amelia. Sin lugar a dudas, la libertad que proporciona el hecho de no girar en torno a la desaparición de Julie, les permite a los personajes no sólo volverse más autoconscientes del accionar humano, sino también respecto a la premisa de la historia. Lo que sucede en los ’90, por lo tanto, es su contracara. Vemos nuevamente los momentos críticos y la desesperación de los personajes, quienes saben que la investigación y los criminales se les están escapando, e intentan, con lo poco que les queda a su alcance, mantener el protagonismo en un caso que ya está cerrado.

Mientras que Tom le dio una razón al espectador para mantenerse expectante al próximo capítulo, a los mandamases de la policía les dio una conclusión para cerrar el caso. Por suerte para todos, sirvió para que Hays y West reaccionen ante la pasividad que venían demostrando en los últimos episodios. Tanto la persecución como el desenlace de la secuencia con Harris están tratados de manera sublime, desde la iluminación hasta la ambientación de una locación que conocimos diez años atrás en la historia, cuando también torturaron allí a un pedófilo de la zona, en sus primeras conclusiones infundadas. Lo cierto es que toda esta situación nos permite entender por qué negaba Hays ante la documentalista el conocer a Harris James. A partir de entonces, comprendemos que el Purple que es entrevistado en 2015 no es tan honesto como creíamos, sino que tiene ciertos muertos en el armario que sólo salen a la luz ante su gran confidente y compañero de vida: West.

Sin embargo, los cabos más importantes son los que atan los detectives septuagenarios. Si bien hubiese sido más rico que estas investigaciones se anticipasen el capítulo anterior —el cual por cierto fue el más estático de todos— recibimos con brazos abiertos esta nueva alianza, la cual nos deja entrever las motivaciones de los principales, y más obvios sospechosos. Y es que de esto trata la tercera temporada. Como bien dice Hays en una entrevista, el trabajo de la policía siempre es ambiguo, y nunca enteramente certero. No se trata de seguir una línea de pistas hasta dar con el culpable, sino que hay una larga cadena de sucesos que generan motivaciones antes las cuales sucumbe el criminal para desarrollar su actividad; y para entender todo esto, es clave entonces el papel que juega Amelia, pues detrás de cada crimen hay una comunidad, y para comprender estas motivaciones, es esencial entonces conocer a la sociedad que se constituye en cada accionar.

De manera más que sólida —sin recurrir en exceso a los fundidos, sino retomando las asociaciones por objetos como en los primeros episodios— y entretejiendo las investigaciones de 1990 y 2015, True Detective nos entrega una hipótesis más que racional. La investigación ha concluido, conocemos los nombres y las caras, las motivaciones (o atisbos de ellas al menos), y sólo queda el gran combate final, el cual se dará en ambos tiempos. A partir de la lógica, podemos creer que el primero desembocará en una derrota para los protagonistas, pero nada está asegurado para la versión final. Mientras que la amistad entre los detectives se rompe en los oscuros ’90 por la presión de Purple, los ancianos ahora se encuentran más sólidos que nunca, y la experiencia de la edad, como lo demuestra la escena con el Sedan negro, ha jugado en su favor. Finalmente, hemos llegado al tercer acto.

Por Luciano Gerez

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