Mucho más que un asistente


Título original: Filmworker. Año: 2017. Duración: 89 min. País: Estados Unidos. Dirección: Tony Zierra. Fotografía: Tony Zierra. Reparto: Leon Vitali, Stanley Kubrick, Ryan O’Neal, Danny Lloyd, Matthew Modine, R. Lee Ermey, Stellan Skarsgard, Marie Richardson, Tim Colceri, Brian Capron, Julian Senior, Pernilla August, Lisa Leone, Brian Jamieson, Treva Etienne, Chris Jenkins, Nick Redman, Ned Price, Steve Southgate, Philip Rosenthal. Productora: True Studio Media.


El recorrido artístico de un cineasta puede rastrearse directamente en su filmografía, fuente inagotable de informaciones y detalles que surgen al observar detenidamente una escena, una puesta de cámara o la utilización de determinada banda sonora. El caso de Kubrick es paradigmático por su heterodoxa carrera: en su corpus fílmico coexisten, no sin cierta incomodidad palpable para cualquier interesado en resumir, catalogar y definir, el cine bélico y dramático de Nacido para matar (Full Metal Jacket), la comedia negra de Dr. Strangelove o el drama histórico de Barry Lyndon.

Igual de rara y única es la relación que Kubrick estableció con personas de su círculo, considerando en este caso, la dinámica del proceso creativo, especialmente en la etapa de rodaje. Si bien en el visionado de determinadas escenas se puede vislumbrar algo de esa tensa relación entre el renombrado director y los actores —pienso más que nada en las escenas gráficas y de alto impacto, donde se presenta el cuerpo del actor en pleno sufrimiento y se borran los límites entre realidad y ficción, como puede suceder en varios pasajes de La naranja mecánica— hay determinadas experiencias que solo se conservan en la mente de quienes presenciaron y participaron de la realización de los films.

Leon Vitali, mezcla de aprendiz (al principio) y mano derecha de Kubrick en el cenit de su carrera, personaje olvidado por la “historia oficial” del cine, es probablemente una de las personas más interiorizadas en el trabajo del director: tal es así, que su grado de compromiso y dedicación a la hora de resolver todo tipo de cuestiones (técnicas, artísticas, comerciales) resultan el material bruto del que se sirve Tony Zierra para estructurar su brillante documental.

El título en español (Filmworker. A la sombra de Kubrick), contiene una trampa: es cierto que Vitali es un desconocido para muchos, y de ahí que la idea de la sombra generada por la imponente figura del director norteamericano pueda minimizar aún más a un personaje de carácter furtivo; sin embargo, desde la propia visión de Vitali, la relevancia de su trabajo y la confianza que Kubrick depositaba en él, lo convirtieron, antes que en un mero empleado, en su par, en una persona con la que el cineasta podía compartir sus impresiones y obtener un feedback instantáneo de su propio trabajo. En ese aspecto, el documental resulta un acto de justicia que enaltece la olvidada figura de quien se hace llamar “Filmworker” (trabajador cinematográfico, a secas), suerte de todoterreno, capaz de lidiar con las múltiples exigencias de un medio extremadamente demandante (física y mentalmente), y, a su vez, capaz de sortear el ya conocido perfeccionismo de un director como Kubrick, dejando de lado tanto su propia vida personal como una prometedora carrera actoral.

Tal como se hizo hincapié al comienzo de la reseña, lo más interesante del film radica en la cantidad de detalles y curiosidades que se narran sobre el backstage de las tres últimas películas de Kubrick, incluyendo algunos dignos de mención como la etapa del casting y el sorpresivo descubrimiento por parte de Vitali de las gemelas que luego nos harían trepidar de terror en las recordadas escenas de El Resplandor, o el minucioso —y hasta podría decirse militar— trabajo de preparación y ensayos con el actor R. Lee Ermey, para lograr dar con el carácter repulsivo de aquel tirano Sargento Hartman en Nacido para matar.

A pesar de enfocarse en la vida de Vitali, y de mostrar hasta dónde llegaba su «lealtad» al maestro (rozando, para muchos, lo inexplicable), la fuerza del documental también reside en su reivindicación de aquellos hombres y mujeres que trabajan en el medio cinematográfico, cuyos nombres, siempre en letra pequeña al momento de los créditos, suelen pasar desapercibidos para el público en general. Y también, Zierra lanza al aire una pregunta muy sugestiva que puede dejar pensando a muchos cinéfilos y fanáticos del director: ¿qué tan distinto hubiera sido el resultado final de las últimas tres películas de Kubrick sin alguien como Vitali a su lado?.

Por Hernán Touzón

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