Gastronomía, identidad y memoria
3 estrellas y media


Título original: Ramen Teh. Año: 2018. Duración: 90 min. País: Singapur. Dirección: Eric Khoo. Guion: Tan Fong Cheng, Wong Kim Hoh. Música: Kevin Mathews. Fotografía: Brian Gothong Tan- Reparto: Tsuyoshi Ihara, Seiko Matsuda, Takumi Saito, Jeanette Aw, Tetsuya Bessho, Mark Lee, Beatrice Chien. Productora: Zhao Wei Films Pte Ltd.


Una de las formas más atractivas de conocer una cultura consiste en interiorizarse en su gastronomía. Los sabores, los aromas y la variedad de colores que emanan de un plato típico tienen la mágica capacidad de invocar recuerdos, suscitando todo tipo de emociones en los comensales. La comida y los productos característicos de cada región, son, como aseguraba Roland Barthes en su artículo Por una Psico-Sociología de la Alimentación Contemporánea, “…un sistema de comunicación, un cuerpo de imágenes, un protocolo de usos, de situaciones y de conductas”. Ese es justamente el punto de partida del director Eric Khoo, quien con su último film indaga sobre las relaciones entre la cocina y la identidad cultural, la memoria y, especialmente los lazos familiares y sociales.

Originalmente concebida como un encargo para conmemorar el cincuenta aniversario de las relaciones diplomáticas entre Japón y Singapur (el último, marcado por la violenta ocupación japonesa de 1942), la película narra la historia de un joven chef llamado Masato (Takumi Saitoh), que tras la muerte de su padre (Tsuyoshi Ihara), se embarca en un viaje desde su ciudad natal en Japón hacia Singapur, con el objetivo de hallar respuestas sobre su pasado familiar. De este modo, el film combina escenas que evidencian la fascinación de Masato por la cocina del sudeste asiático, a la vez que incorpora una faceta íntima y dramática ligada a la dolorosa historia personal del protagonista, cuya madre murió siendo él muy pequeño.

Una receta familiar 2018

Si bien el relato nos sumerge en el viaje emocional del personaje, la película se vuelve reiterativa al recurrir constantemente a flashbacks en los que se nos explica la historia familiar de Masato (el momento en el que sus padres se conocen, y los recuerdos de su niñez), cayendo, por momentos, en un exceso de sentimentalismo que se ve potenciado por una banda sonora que puede percibirse algo impostada. A su vez, en muchos casos, estos flashbacks se integran como parte de la narración, en especial cuando Masato prueba o prepara un plato que le dispara recuerdos de su infancia, haciendo que los personajes del pasado “revivan” y coexistan en el tiempo y espacio de las escenas del presente, lo que intenta reflejar la persistencia de estas experiencias en la psiquis del protagonista.

El aspecto más sobresaliente del film emerge a partir de la segunda mitad del metraje, cuando Masato conoce a la familia de su madre. La antipatía hacia los japoneses por parte de la generación singapurense que vivió en carne propia los trágicos eventos de 1942, se manifiesta a través del personaje de la abuela de Masato, una señora a la que el joven intentará acercarse con el fin de cerrar un capítulo doloroso del pasado. De esta manera, resurgen viejas heridas y rencores que están estrechamente ligados a la mencionada ocupación militar y se trasladan al terreno familiar. Así, la historia real dialoga con la ficción, y los platos típicos de ambas naciones (el ramen de Japón y el bak kut teh de Singapur) se convierten en un vigoroso nexo para llegar a un entendimiento entre los distintos personajes y generaciones.

Por Hernán Touzón

Esta reseña fue originalmente publicada en la revista No Todo en octubre de 2018.

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