El sonido del silencio
3 estrellas y media


Título original: The Piano. Año: 1993. Duración: 121 min. País: Nueva Zelanda. Dirección: Jane Campion. Guion: Jane Campion. Música: Michael Nyman. Fotografía: Stuart Dryburgh. Reparto: Holly Hunter, Anna Paquin, Harvey Keitel, Sam Neill, Kerry Walker, Geneviève Lemon, Tungia Baker. Productora: Ciby 2000 / Jan Chapman Productions.


Tres premios Oscar, la Palma de Oro en Cannes y una recaudación mayor a los ciento cuarenta millones de dólares. El piano fue sin lugar a dudas un hito a principios de la década de 1990, siendo exitosa tanto a nivel artístico como económico. Estrenada en 1993, esta obra escrita y dirigida por Jane Campion, se focaliza en un romance secreto con un único testigo: un piano.

Ambientada a mediados del siglo XIX, El Piano cuenta la historia de Ada (Holly Hunter), una mujer que, a causa del nuevo matrimonio que le ha concertado su padre, debe viajar a tierras neozelandesas para conocer a su nuevo esposo Alisdair Stewart (Sam Neill). Si bien son varias las pertenencias que carga en su barca, son solo dos cosas las que necesita para ser feliz: Flora (Anna Paquin) —su hija— y su piano. A causa del mutismo autoimpuesto, pues mediante una voz en off en la introducción nos aclara que no es muda de nacimiento, Ada se valdrá de estos dos elementos para expresarse. Flora serán sus palabras, mientras que el piano sus emociones. El montaje propone un relato circular, delimitado por la voz en off de Ada, siendo el principio y el final del relato los únicos momentos en los que escuchamos su voz —una voz de niña, pues esa era la voz que tenía cuando dejó de hablar. Esto, además, será constantemente enaltecido por la música compuesta por Michael Nyman, la cual refleja los estados de ánimo de Ada de manera que ninguna acción bastaría para igualarlo.

El piano 1993 pelicula

Sin embargo, el nuevo marido de Ada jamás la comprenderá (vale decir, algo característico del mundo melodramático), ni entenderá el valor que posee el instrumento para ella. A causa de un turbulento mar, Ada y Flora aguardan por la llegada de Alisdair, quien se dirige a conocerlas y llevarlas a su nuevo hogar. Cuando éste llega junto a un “ejército” de maoríes, se niega a trasladar el piano a causa de su peso, dejándolo en la orilla del mar. La desolación no tardará en adueñarse de Ada, y esta acción resquebrajará el matrimonio, siendo un punto de ruptura que jamás les permitirá estar juntos, pese a los intentos de Alisdair. Es aquí donde entra en juego un personaje clave en la historia, George Baines (Harvey Keitel), un comerciante que, a causa del gran tiempo en convivencia con los maoríes, pareciese haberse vuelto uno de ellos, viviendo en un hogar humilde y con la cara pintada de la manera en que la cultura local lo indica. Baines es la contracara de Alisdair. Él no censura sus instintos y comprenderá a Ada. Baines lleva a Ada y Flora a la playa, permitiéndoles, de esta manera, reencontrarse con el tan preciado instrumento. Dentro de una caja de madera, una pequeña abertura le permite a Ada tocar el piano, lo que logrará que Baines se enamore de Ada y le compre el piano a su esposo, quien nuevamente se niega a escuchar el deseo de la protagonista. No obstante, Baines tiene una intención oculta: conquistar a Ada. A partir de entonces, le ofrece un trato a la pianista: él le permitirá tocar el instrumento y le devolverá cada día una tecla, siempre y cuando, ella le permita tocar su cuerpo. Ada se vuelve el piano de Baines. Sin lugar a dudas, esta especie de pacto con el diablo, sumado a un guion estructural que hilvanará correctamente los sucesos, lograrán que constantemente se perciba una atmósfera tensa, en la que en cualquier momento pueden estallar las consecuencias del accionar de la protagonista, a la cual, cada día, se le pide ir más allá.

Con elementos dispuestos de manera tan eficiente, con un conflicto tan marcado y a punto de estallar, parece evidente que estamos ante un guion meritorio de todos los premios que en efecto obtuvo. Sin embargo, existen varias lagunas que no terminan de comprenderse. Por un lado, el personaje de Flora. Si bien la actuación de Anna Paquin es impresionante, logrando opacar muchas veces a los grandes colegas que se hallan junto a ella en escena, Flora es un personaje que genera ciertas dudas en su planteamiento. Esto se debe a que es presentada como una fiel súbdita de su madre, recelosa de toda persona que se acerque a ella con fines de lastimarla. La defiende ante Alisdair y los maoríes cuando quieren dejar su piano en la playa. Su relación es tan íntima que pareciesen ser hermanas. Es por esto que llama la atención que, habiéndose demostrado este fuerte lazo que las une, y sin indicio alguno de la relación de la niña con su padrastro, Flora alerte a Alisdair respecto del romance de su madre con Baines. Y esto no sucede una, sino dos veces, siendo plenamente consciente ella de que, en la segunda oportunidad, esto acarreará graves consecuencias para Ada. Más aún, llama la atención que Flora sufra al ver el castigo de su madre, pues es entonces planteada de una manera mucho más cercana a la inocencia, una mirada completamente distinta a la que se nos fue presentada en el primer acto. Sumado a esto, la niña no sufre su propio arco dramático, no tiene remordimientos ni culpa por su accionar. Sin lugar a dudas, esta laguna en el personaje de Flora llama la atención en el espectador. No obstante, existe un hecho que definitivamente rompe la ilusión del espectador, el cual se encuentra sumergido en la historia hasta entonces. En el primer acto, cuando Ada le pide a Baines que la lleve a la playa, lo hace por escrito. Entonces, Baines le confiesa que es analfabeto. En el momento previo al segundo punto de giro, Ada le confiesa su amor a Baines por escrito. Este es un error fatídico que rompe completamente la ilusión del espectador. Pareciese ser que el verosímil narrativo ha sucumbido en pos de enaltecer el ferviente romance de los protagonistas, distanciados a la fuerza.

El piano 1993 film

Pese a estos deslices en el argumento, es innegable que la obra de Jane Campion ha logrado mantenerse en el tiempo. De este modo, El Piano nos remite a la situación de encierro que sufre Ada, a causa de su deseo de no despegarse de su instrumento. Las locaciones en exteriores abundan, y esto es a causa del paisaje sublime que ofrece la naturaleza de la isla neozelandesa. En ocasiones, mientras en la casa de Ada el sol baña a los personajes, al mismo tiempo, la casa de Baines es azotada por la lluvia. Esto no le importa al espectador, quien toma como verosímil que un paisaje tan hermoso sea capaz de plantear climas tan diversos en tan poco tiempo. Probablemente, los gran angulares empleados en las tomas de los bosques neozelandeses hayan incentivado a Peter Jackson a adaptar la saga de El Señor de los Anillos en esas islas. Como consecuencia de una locación que invita a la belleza estética, la fotografía de Stuart Dryburgh se luce en la película, estableciendo un fuerte juego de luces y sombras. A la oscura casa de Baines, cuna de los placeres pecaminosos, se le opone la luminosa casa de Alisdair, hogar de los valores familiares. Incluso cuando este último, preocupado por las actividades de su esposa, tapa con madera todas las ventanas, la luz solar encuentra la forma de atravesar esa especie de cárcel en la que Ada está encerrada, de manera similar a cómo el sonido del piano logra atravesar el pequeño hueco de la caja en la playa para bañar la costa con su música. No es sólo mediante la utilización de lentes que se logran imágenes tan fuertemente dotadas de dramatismo; el empleo de la cámara acompañando el recorrido de los personajes, e incluso acercándose lentamente a ellos para destacar en su rostro algún gesto que nos permita acceder a su estado interior, denota una fuerte carga autoral que busca la comprensión del modo en el que actúan —esto se puede ver principalmente en Ada y Baines.

La fotografía del film genera un abanico de temperaturas color. Desde imágenes cálidas propias de los momentos en que el secreto de Ada se halla oculto, hasta el frío que transmite el color de la imagen cuando Alisdair descubre la verdad. Desde el sol que baña las costas mientras Flora baila al ritmo de la música que toca Ada, al mismo tiempo que esta última conquista el corazón de Baines, hasta la niebla que invade los bosques cuando Alisdair alecciona a Ada, un castigo del cual previamente el guion se había encargado de darnos indicios.

El piano 1993 pelicula

El trabajo de la directora es magnífico desde el inicio hacia el final, en todas las áreas. Con una producción planteada a mediados del siglo XIX, un arte informado respecto a la cultura maorí, una fotografía que explota el paisaje hasta el límite, y un trabajo actoral abrumador. No es para nada raro que Holly Hunter ganase la estatuilla dorada por esta interpretación. Interpretó magníficamente a un personaje que, si bien no dice nada con su boca, sí lo dice con su mirada. El momento en el cual ella descubre, al igual que el espectador, que se ha enamorado de Baines, a partir de la actuación de Hunter, se vuelve una escena digna de perdurar en el tiempo, convirtiéndose en una clara muestra de que no se necesitan palabras, ni incluso acciones elocuentes, para poder acceder al interior de un personaje. Tampoco se puede dejar de lado a Keitel, quien debe ser el único actor que se adueña de la escena sin prenda alguna. Domina el espacio de su hogar, se vale de su desnudez para intimidar a Ada, pero también para generar una idea de magnificencia en el espectador. Se vuelve dueño del espacio, así como también lo había hecho un año atrás en el film Teniente corrupto. De Anna Paquin se ha dicho todo previamente. Pese a su corta edad, logró en este film una actuación que la mayoría de las actrices jamás logrará en su vida, lo cual también le valió una estatuilla.

Por Luciano Gerez

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