Por Hernán Touzón
3 estrellas y media


Título original: Pigumim (Scaffolding). Año: 2017. Duración: 90 min. País: Israel. Dirección: Matan Yair. Guion: Matan Yair. Música: Yishai Adar. Fotografía: Bartosz Bieniek. Reparto: Asher Lax, Ami Smolartchik, Keren Berger, Yaacov Cohen. Productora: Coproducción Israel-Polonia; Green Productions / Film Produkcja.


Aprendiendo a vivir, ópera prima del realizador israelí Matan Yair, es la historia de un joven llamado Asher (Asher Lax) que se encuentra transitando un momento clave de su vida: el paso de la adolescencia al mundo adulto de las responsabilidades y la elección de una profesión. La película se centra en las dificultades del protagonista para aplicarse en la escuela, teniendo además que lidiar con su autoritario padre, quien pretende obligarlo a seguir su camino como capataz de construcción en la pequeña empresa que ha creado y considera como su legado familiar.

Uno de los puntos destacados del film es la naturalidad con la que se desarrollan las escenas, lo que en gran medida se debe a que la historia está basada en hechos reales, por lo que Asher (el personaje), no dista mucho de la persona real que lo interpreta. Así, sus gestos y arranques de ira se corresponden con aquellas cualidades cinematográficas que el director vio en en este joven, que era uno de sus alumnos mientras el cineasta daba clases a adolescentes de escasos recursos años atrás. Muchos de los aciertos del film, entonces, están directamente ligados al carisma de un protagonista con el que nos identificamos, ya que al tratarse de una cinta del tipo coming of age, los retos y dificultades que atraviesa el personaje resultan cercanos para el espectador promedio, más allá de la lógica distancia cultural que pueda existir.

En cuanto a la puesta en escena, hay una decisión autoral por parte de Yair de situar la cámara a poca distancia de los personajes, y especialmente de Asher, quien concentra toda la tensión en sus posturas siempre al borde del estallido anímico, constante recurso del que el director echa mano como forma de potenciar el drama y la angustia del joven protagonista, quien se encuentra navegando entre el mundo del trabajo en las obras de construcción y la lectura y análisis de obras literarias en la escuela. De esta manera, se plantea un conflicto personal que encuentra su eje en la contraposición del rol paterno: por un lado, Milo (Yaacov Cohen), el padre de Asher, es un hombre tosco y vulgar, que no cree que su hijo pueda hacer otra cosa más que trabajar en la empresa familiar, y por el otro, Rami (Ami Smolartchik), es un sensible profesor de literatura en el que el protagonista se apoya para intentar resolver su dilema personal y profesional.

Aprendiendo a vivir film 2017

Tanto la premisa dramática como el título del film (Scaffolding, que en español significa andamio), se relacionan con la idea del sostén (el término andamiaje es muy utilizado en pedagogía) y del rol que ocupan ciertas personas en el curso de nuestras vidas, especialmente en momentos que nos marcan para siempre y determinan, sino en su totalidad, en gran parte, nuestro futuro. Así, la dinámica maestro-alumno se convierte en uno de los ejes más atractivos del film, que aprovecha la buena química entre ambos personajes para ahondar tanto en la indecisión de Asher como en los conflictos personales del profesor, y para profundizar también en el vacío que siente el protagonista con respecto a la difícil relación con su padre.

Si bien el film tiene un dinamismo interesante, y escena tras escena vamos sumergiéndonos más en la psicología de Asher (con algunas situaciones cómicas de por medio), también es cierto que rondando la mitad del metraje, y luego de un trágico hecho que divide la cinta en dos, algunos recursos y tópicos se vuelven repetitivos, aunque en la última parte emerge nuevamente la tensión, haciendo que recuperemos el interés por una resolución que le debe mucho a la excelente interpretación y a los arranques explosivos de Lax. En definitiva, se trata de un correcto drama y un interesante punto de partida de este director que ha podido condensar una experiencia personal que lo ha tocado muy de cerca, y que exuda, en términos cinematográficos, un realismo muy sugestivo.

Esta reseña fue originalmente publicada en la revista No Todo en octubre de 2018.

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