Por Nicolás Ponisio


Título original: Maniac. Año: 2014 País: Noruega. Dirección: Kjetil Indregard. Guion: Ole Marius Araldsen, Espen Petrus Andersen Lervaag, Håkon Bast Mossige. Fotografía: Matthew Weston. Reparto: Espen Petrus Andersen Lervaag, Marte Germaine Christensen, Ruben Løfgren, Mats Mogeland, Håkon Bast Mossige, Ingeborg Raustøl, Arif Salum. Productora: Rubicon TV AS


¿Que ocurriría si un cinéfilo o amante de las series dejara de ver la realidad como tal y tan solo pudiera verla a través del prisma de la ficción? Maniac, la serie noruega de Kjetil Indregard que ahora tiene una muy libre adaptación en Netflix, responde a esto ofreciendo una interesante y estilizada mirada tragicómica sobre la locura, con un particular uso del material de género. Mientras que conocemos el triste presente de Espen (Espen Petrus Andersen Lervaag) como paciente de un psiquiátrico, la realidad distorsionada del personaje sabe unificar la comicidad del show, al mismo tiempo que sirve para conocer y entender lo que lo llevó a estar en su estado mental actual.

Espen no tiene en la vida más que su gran imaginación y la compañía de su amigo de aventuras Håkon (Håkon Bast Mossige), creado también por esa mente desligada del mundo real. Todo eso comienza a cambiar cuando ingresa a su vida, real e imaginada, la terapeuta Mina (Ingeborg Raustøl), una excelente profesional dispuesta a entender a qué se debe el origen del la locura de su paciente, además de brindarle su apoyo y comprensión. El mundo de Espen se encuentra patas arriba, pero es gracias a Mina y su dedicación, que la caótica mente del protagonista comienza el proceso de dejar de soñar, para realmente volver a vivir.

Con tan solo un puñado de personajes, la serie noruega de 2014 pone el foco en la(s) historia(s) de Espen alrededor de los profesionales que lo atienden, cada cual funcionando en base a su relación con el personaje. La elección de que con cada episodio se pueda conocer una nueva trama que se desarrolla en la mente del paciente, le brinda a la serie cierta gracia y agilidad que muta de realidad en realidad. Esto le permite al elenco componer una variedad de personajes disímiles, aportándole un humor y tono renovado a la totalidad de la serie, lo que se vuelve el atractivo principal para el espectador y la sorpresa de la aventura que aguarda en cada historia.

Todos los mundos construidos por la mente de Espen funcionan como series de representación de los géneros audiovisuales, mayormente con lo relacionado a la industria del entretenimiento norteamericano, ejemplo perfecto del máximo consumo y del universal escape de la realidad. Es así como todos los personajes se encuentran caracterizados de maneras diversas en relatos que apelan a la parodia de los clichés de género: un millonario que por las noches combate el crimen bajo su alter ego “El Lobo” (cualquier similitud con Batman es pura coincidencia), la exageración actoral del mundo de las telenovelas (aquí representado por Hotel Caesar, otra serie de Indregard), pasando por el cine bélico, el western, la comedia adolescente, el thriller y quizás el mejor de todos, el brillante episodio que parodia a la sitcom Seinfeld.

Maniac escena 2014 miniserie

Lo cierto es que la división de estructura narrativa entre lo que es real y lo que no, funciona a la perfección para remarcar el disfrute y la interacción de Espen al ponerse en la piel de otros, en contraposición a la tristeza y la falta de conexión con el mundo real, algo que, como se encarga de trabajar a través del vínculo formado entre paciente y terapeuta, irá cambiando a medida que el personaje logra ser más conciente de las relaciones y la gente que lo rodea. La amistad imaginaria que mantiene con Håkon, si bien es entrañable, poco a poco comienza a mostrarse como una relación tóxica al interpretarse como esa parte de la mente de Espen que quiere retenerlo en su locura. De esta manera, si las relaciones en la vida real son las que ayudan a regresar a Espen a un estado total de conciencia, las relaciones en el mundo imaginario no son más que las malsanas distracciones que buscan retenerlo en un estado perpetuo de irrealidad.

De manera íntima y honesta, Maniac apela a conocer a sus pocos personajes y a construir el hermoso vínculo que los une, siendo el componente emocional nacido de ellos otro de los elementos que utiliza para que la serie, dentro de su rareza, llegue a todo aquel que la vea. Esto se debe a que se para en un lugar de más interesante como lo es la comprensión de la mente humana y lo tiñe con las maravillas de la cinematografía y las ficciones audiovisuales que siempre han funcionado para narrar y hacernos sentir en la piel de otros. Si esa es la locura de Espen, entonces no hay temor alguno en reconocer que todos estamos felizmente locos.

Categories: Series Recomendadas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *