Por Luciano Gerez


Título original: Atypical. Año: 2017. Duración: 30 min. País: Estados Unidos. Dirección: Seth Gordon, Joe Kessler. Guion: Robia Rashid, Ava Tramer. Fotografía: Joe Kessler. Reparto: Jennifer Jason Leigh, Keir Gilchrist, Brigette Lundy-Paine, Amy Okuda, Michael Rapaport, Graham Rogers, Nik Dodani, Raúl Castillo, Rachel Redleaf, Jenna boyd. Productora: Sony Pictures Television.


Atención: esta reseña contiene spoilers.

Atypical es una serie de 2017 creada y escrita para Netflix por la talentosa Robia Rashid, quien supo ser guionista de dos temporadas de la exitosa How I met your mother. Esta serie, compuesta por ocho capítulos en su primera temporada y diez en la segunda, cuenta la historia de Sam Gardner (Keir Gilchrist), un joven de dieciocho años que tiene un trastorno del espectro autista leve. Pese a las dificultades que le puede acarrear este diagnóstico e incentivado por su amable terapeuta Julia Sasaki (Amy Okuda), Sam decide que es momento de alcanzar su independencia y dejar de ser un joven atípico. Como principal desafío para demostrar su similitud con las personas neurotípicas, Sam se propone conseguir una novia.

Estrenada durante el mes de septiembre, la segunda temporada posa todas las miradas en los grandes giros que se producen en la historia. Si bien algunos son predecibles, otros son tan inimaginables que han llevado al espectador a cambiar enteramente su concepción sobre alguno de sus personajes. Esto no sería tan llamativo en una serie de suspenso, o un thriller; pero giros tan pronunciados –e inacabados, porque el arco de transformación de ciertos personajes recién está comenzando- llaman mucho la atención en un género de comedia ambientado en los suburbios estadounidenses.

Además del ya mencionado conflicto personal de Sam, la serie hace énfasis en el entorno familiar del protagonista. Elsa (Jennifer Jason Leigh) es una madre sobreprotectora que, al ver que su hijo la quiere hacer a un lado para alcanzar su tan ansiada independencia, comienza a introducirse en un conflicto interno sobre su propia funcionalidad. ¿Qué puede hacer con su vida ahora que su hijo ya no la necesita? Como otra cara de la misma moneda, su padre Doug (Michael Rapaport) ha sufrido constantemente cierta vergüenza por el comportamiento de Sam, sin saber cómo llevar a cabo su rol paternal en este tipo de circunstancias, razón que en el pasado lo ha llevado a abandonar a su familia por un tiempo. Con la idea de la independencia de Sam rondando, Doug intentará fortalecer el vínculo con su hijo, orgulloso de él, aunque siempre errático y torpe a causa de su falta de tacto. Por último, opacada por la gran figura de Sam, se encuentra Casey (Brigette Lundy-Paine), su hermana menor y protectora. Campeona de atletismo, Casey recibe una gran oportunidad para estudiar en otra escuela, pero deberá decidir si debe luchar por una mejor educación para ella, o cuidar de su hermano, quien parece necesitarla a su lado todo el tiempo.

Dicho de esta manera, a excepción del rasgo individual del protagonista, las subtramas pareciesen ser estereotipadas: una ama de casa que se siente poco útil, un hombre que quiere establecer un vínculo con un hijo que no es como esperaba y una joven que teme dar el gran salto hacia el éxito. No obstante, lo atípico de esta serie se da en cómo estas subtramas enriquecen a la trama principal, y viceversa. Poco a poco, los personajes secundarios se van adueñando también de la historia (esto queda aún más claro en la segunda temporada), debido a las decisiones que toman al enfrentarse a una dificultad. Tal es el caso de Elsa, quien en el contexto habitual de la historia se comporta como una madre ideal para sus hijos, pero, al sentirse inútil, comete un acto de infidelidad para sentirse viva nuevamente. De manera esperable, este hecho sale a la luz al final de la temporada, volviéndose su gran cliffhanger. Pero… ¿esto no es el acto climático de una subtrama? Así es. Contra todo pronóstico, el hecho que lleva al espectador a rogar por una segunda temporada no es algo que se relacione con el conflicto principal de Sam. De hecho, Sam entabla una relación de idas y vueltas con Paige (Jenna Boyd), una chica muy singular de su clase. Sin embargo, al final de la temporada, esta relación se vuelve casual. Este hecho no podría denominarse climático de ninguna manera; y esto se debe a que el camino de Sam recién está comenzando y el hecho de tener o no una novia no lo vuelve más “normal”. Incluso, se puede decir lo que aprende Sam a lo largo de la primera temporada es que nadie es normal. Por lo tanto, si el acto climático y el cliffhanger no se dan en la trama principal, es necesario que esto se de en una de las subtramas, y a un nivel tan intenso que, por más de que no incluya al protagonista de la historia, provoque en el espectador el deseo de que exista una continuación.

Atypical Sam Paige

De esta manera, nos adentramos en la segunda temporada. Si hasta entonces el papel de Jennifer Jason Leigh había sido sobrio, su interpretación es ahora brillante. Teniendo como antecedentes papeles tan diversos como los que interpretó en El Maquinista o en Los ocho más odiados (este último la hizo merecedora de un Oscar), ahora se inmiscuye en el género de comedia demostrando grandes dotes y un amplio registro actoral. Elsa, su personaje, intenta recomponer su matrimonio, pero, capítulo a capítulo, comprende que el acto que ella ha cometido no se soluciona con un simple pedido de disculpas o con ayudar a Doug en las tareas del hogar. Alejada de su familia, Elsa utiliza su tiempo libre para repasar sus errores, procurando no volverlos a cometer. Mientras tanto, Doug se muestra impasible, siendo incluso tragicómico el hecho de que por un llamado, Elsa se ilusione y, finalmente, Doug le dé la espalda. Las idas y vueltas del matrimonio se suceden de tal manera que, por momentos, la serie corre el peligro de volver demasiado dramática a esta subtrama. Al tratarse un tema tan fuerte y tener a estos dos personajes parados en posiciones tan disímiles, pareciese inevitable que el drama se apodere de la historia. Para evitar esto, la narración apela al uso irreverente de la comedia en una entrevista que tienen los dos personajes con la terapeuta Julia, que logrará bajar un poco la tensión entre ellos.

Es necesario recalcar la magnífica interpretación de Keir Gilchrist como Sam. Si bien es conocido por muchas de sus interpretaciones en películas de terror (especialmente en Te sigue) fue gracias a la serie United States of Tara (2009), que pudo demostrar su gran potencial, interpretando a un joven, también bastante singular, que da sus primeros pasos para finalmente “salir del clóset”. En Atypical, su interpretación de un joven autista obsesionado por los pingüinos fue ovacionada por la gran mayoría de críticos.

Atypical_Sam

Así, las dificultades de Sam a la hora de socializar se hacen presentes nuevamente a lo largo de la segunda temporada. Las causas son diversas: Casey ya no está en su escuela, Elsa le ha prohibido ver a Julia y Doug se ha ido de la casa misteriosamente, entre otras cosas. Los grandes avances que ha logrado a lo largo de la primera temporada pareciesen haber desaparecido, pero algo se mantiene constante en él: analizar el comportamiento humano a través de la comparación con los pingüinos. Mediante una voz en off que inicia cada capítulo informando al espectador sobre ciertos hábitos de los animales antárticos, se puede ver cómo algunas de estas actitudes se reflejan en el resto de los personajes de la historia. De esta manera, lo que al inicio de cada capítulo podría parecer alocado, cobra sentido en los últimos minutos cuando se puede localizar esa voz en off de Sam que cierra a modo de conclusión lo dicho veinte minutos atrás con el protagonista hablándole a su terapeuta en un plano cerrado de poca distancia focal. A partir de la narración de Sam, el espectador puede entender la forma en la que él ve el mundo. Así pues, se podría decir que, por momentos, las similitudes entre los comportamientos que tenemos los humanos con respecto a los pingüinos son innegables.

A lo largo de esta segunda temporada, Sam deberá enfrentar nuevos desafíos: vivir en un hogar prácticamente roto, decidir a qué universidad ir, qué carrera estudiar, y, como siempre, intentar dilucidar cómo conseguir una novia. A falta de Julia, Zahid (Nik Dodani), un compañero de trabajo muy peculiar de origen asiático, emerge como el gran mentor, que con sus errores y aciertos, se convierte en uno de los personajes más cómicos de la serie.

Sam y Zahid Atypical

A su vez, la comicidad e irreverencia de este personaje, que también había tenido grandes destellos en la primera temporada, será complementada por Miss Whitaker (Casey Wilson), la tutora de un grupo de jóvenes que comparten con Sam el carácter de poseer un trastorno del espectro autista. Ella incentivará a Sam a pensar en su futuro y a no recaer en el hecho de que la independencia sea simplemente alejarse de Elsa.

Si bien el cierre de la trama principal de Sam (su autodescubrimiento y proceso hacia la adultez) alcanza en la segunda temporada un punto más fuerte que en la primera –ahora logra hacer una fuerte, honesta y sensata declaración-, el narrador decide quitarle intensidad a esta acción dramática, posando el cliffhanger en otro lado. Así es. Nuevamente, la mayor atracción del capítulo final no pasa por la trama principal. El último núcleo de la trama de Sam es un hecho muy importante en el arco de su personaje, sin lugar a dudas. Sin embargo, el personaje que es llevado al punto álgido de la temporada es otro: la olvidada Casey. De esta manera, la nueva temporada se concentra mucho en Casey, incluso opacando la figura de su hermano Sam. La celebración de su cumpleaños es la clara evidencia. Todo gira alrededor de ella; incluso Sam, que quiere cumplir con su “ritual de cumpleaños de Casey”. Pareciese que lo que originalmente sucedía con Sam –que todos estén pendientes de él- sucede ahora con su hermana. Esto no significa que el protagonista quede en el olvido ni mucho menos. Las acciones de Doug y Elsa están directamente relacionadas con él, pero no tanto como en la primera temporada, lo que puede ser una señal de la aceptación por parte de los padres del deseo de independencia de su hijo.

Atypical es el claro ejemplo de una serie que fue pensada en base a un protagonista, pero que logró generar personajes tan fuertes a su alrededor que sus subtramas han alcanzado el mismo nivel de relevancia que la trama principal. Esto, por momentos, logra un claro enriquecimiento entre las diferentes historias, pero también sucede que muchas veces la trama principal queda en el olvido. El diálogo entre ellas es, hasta el momento, sustancioso y permite el desarrollo de ambas tres sin problemas; pero la serie corre un riesgo al crecer a pasos tan agigantados las historias de los padres y de Casey, en comparación con la de Sam. Para no perder interés, la tercera temporada deberá mantenerse lo justo y necesario en esta línea. Su mayor desafío será lograr un núcleo dramático en el arco del personaje de Sam que sea tan fuerte como para demostrar su supremacía sobre los otros personajes.

Categories: Series

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