Por Hernán Touzón
3 estrellas y media


Título original: Una giornata particolare. Año: 1977. Duración: 105 min. País: Italia. Dirección: Ettore Scola. Guion: Ruggero Maccari, Ettore Scola. Música: Armando Trovajoli. Fotografía: Pasqualino De Santis. Reparto: Sophia Loren, Marcello Mastroianni, John Vernon, Françoise Berd, Patrizia Basso, Nicole Magny. Productora: Compagnia Cinematografica Champion Magic / Conafox Films lnc.


Una jornada particular es una de las últimas películas en las que podemos ver a Marcello Mastroianni y Sophia Loren juntos en pantalla. El filme comienza con registros documentales y una voz en off que narra con pomposidad y fervor patriótico-belicista el encuentro en Roma entre los dos dictadores más sanguinarios de la Europa del siglo XX: Adolf Hitler y Benito Mussolini, bautizados por la máquina propagandística de aquel entonces como el Führer y el Duce. Este encuentro tuvo lugar en 1938 y, si bien no fue el primer contacto entre los dictadores, que ya se habían visto en una reunión previa en Venecia, sí fue la primera demostración pública de la alianza entre ambas naciones en el marco de un desfile multitudinario en suelo italiano.

Del documento histórico pasamos al interior de la vivienda de una familia de clase trabajadora compuesta por Antonietta (Sophia Loren), Emanuele (John Vernon) y sus seis hijos. En una lograda secuencia, vemos cómo la infatigable madre y esposa comienza su rutina, primero preparando el desayuno y luego pasando de habitación en habitación para despertar a sus hijos y a su marido. Este recorrido por el cual el director va desde lo general (el contexto histórico) a lo particular (la vida doméstica) encuentra su razón de ser en la necesidad de dar verosimilitud a un relato que no busca justificar las aberraciones del fascismo pero sí allanar el camino para una correcta comprensión de los orígenes del movimiento y el apoyo de las masas. De ese modo, el fervor nacionalista por la llegada de Hitler, incluyendo la voz radial de un relator que permanecerá constantemente en un plano sonoro identificable, funciona como telón de fondo de un romance imposible entre la protagonista y su vecino Gabriele (Marcello Mastroianni), un locutor radial homosexual que espera por su deportación.

Si los vaivenes de la breve historia de amor, que comienza y culmina en la misma jornada, tiene puntos a destacar (es interesante cómo Scola maneja la tensión sexual entre los personajes y la amalgama con las diferencias políticas entre ambos, ya que ella es una mujer ingenua que se asume como fascista), lo atractivo del filme radica más en lo que sucede fuera de campo que en lo que acontece entre los protagonistas. Dicho en otros términos, el interés por lo que ocurrirá con los personajes se encuentra directamente ligado al peligro que conlleva para esta ama de casa el hecho de ser descubierta teniendo un amorío con un enemigo del régimen, el día en que su marido y sus hijos han dejado la casa para ir al encuentro entre los dictadores. Ese riesgo, presente en la totalidad de las escenas como un fantasma que acecha, está trabajado mediante la utilización de las ventanas del complejo de edificios, evidenciando una frágil barrera entre la vida pública y privada, lo cual tiene sentido por tratarse de un contexto en el cual el Estado estaba entrometido en todas las esferas de la vida social.

Más allá de un punto de partida que manifiesta una potente paradoja, sumado una brillante actuación por parte de Mastroianni y Loren, el filme mantiene siempre un mismo tono que por momentos se vuelve reiterativo, especialmente sobre la mitad del metraje, lo que termina restándole fuerza al resultado final, ya que como espectadores nos mantenemos a la espera de alguna situación o reacción de los personajes que movilice nuestras emociones y nos saque de la zona de confort.

Categories: Otras Miradas

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