Por Hernán Touzón


Título original: La caméra de Claire. Año: 2017. Duración: 69 min. País: Corea del Sur. Dirección: Hong Sang-soo. Guion: Hong Sang-soo. Música: Dalpalan: Fotografía: Jinkeun Lee. Reparto: Isabelle Huppert, Kim Min-hee, Shahira Fahmy, Jang Mi-Hee, Jeong Jin-Yeong. Productora: Les Films du Camelia / Jeonwonsa Film.


En Claire´s Camera, Hong Sang-soo indaga sobre las relaciones humanas y los problemas de comunicación de un puñado de personajes que tienen encuentros casuales, mientras en simultáneo transcurre el festival de Cannes. La ambientación de la película escapa, a conciencia, de cualquier tinte glamoroso que pueda existir, haciendo del fuera de campo un elemento clave: la cámara se sitúa, en mayor medida, en el espacio del contraplano, dándole la espalda a las muchedumbres, las proyecciones de estrenos y demás situaciones que se supone están teniendo lugar alrededor de los personajes.

Manhee (Kim Min-hee), una joven asistente en una distribuidora cinematográfica, acompaña a Yanghye (Chang Mi-hee), su jefa, al festival de Cannes, donde tendrá lugar el estreno de la película de So Wansoo (Jung Jin-young), que además de ser el director para el que ambas trabajan, es la pareja de Yanghye. En pleno evento, la jefa de Manhee decide despedirla, dándole un moralizante discurso sobre el valor de la honestidad. Sorprendida por la noticia, e intentando encontrar una explicación a lo sucedido, Manhee recorre las calles de la ciudad francesa. Allí se encuentra con Claire (Isabelle Huppert), una profesora de música que lleva su Polaroid siempre junto a ella, fascinada por la idea de capturar en imágenes a las distintas personas con las que se cruza. Manhee y Claire entablan una breve amistad, en donde, a pesar de ciertas barreras culturales, se conectan con sus sentimientos más profundos, compartiendo apreciaciones personales sobre la vida.

A su vez, Claire conoce a la jefa de Manhee y al director So Wansoo. Sang-soo encuentra, en los diferentes idiomas utilizados por los personajes -Claire, francesa, debe hablar en inglés con Manhee, Yanghye y So Wansoo, a la vez que ellos, que hablan coreano entre sí, deben hablar también en inglés frente a Claire- un recurso que explota el tema de la incomunicación, por tratarse de personajes que deben recurrir a un lenguaje ajeno, que no dominan, para comunicarse. A través de una serie de conversaciones entre los distintos personajes, finalmente comprendemos que la razón por la que Manhee fue despedida tuvo que ver con celos de su jefa hacia ella, ya que Manhee y So Wansoo habían tenido un affaire en el pasado. De esta manera, lo que en apariencia resultaba complejo de entender para Manhee, encuentra su justificación en un sentimiento tan primitivo como mundano, convirtiendo la situación del despido en un enredo amoroso.

Pero la película excede la mera escenificación de conflictos amorosos, ya que reflexiona sobre el peso simbólico de las imágenes, sean las registradas de manera móvil por la cámara de Sang-soo o las que permanecen sobre un soporte, como sucede, de manera intradiegética, con las fotografías instantáneas de Claire. “Cuando te hacen una foto no vuelves a ser la misma persona” le dice Claire a So Wansoo, y luego le toma una fotografía con su Polaroid. El director, algo incrédulo, observa la fotografía detenidamente, en busca de las diferencias con su “yo” del pasado. Con esta situación, Sang-soo evidencia cómo las imágenes reconfiguran nuestra percepción de los hechos, en una constante contradicción por la cual resulta imposible distinguir si la verdad reside en la realidad o en la representación. Además, este comentario resulta una reflexión sobre la fugacidad de los momentos, que, a pesar de ser registrados por una cámara – o por nuestra memoria-, desaparecen en el mismo instante en el que suceden. El cine, como medio que captura y proyecta imágenes en movimiento, es el dispositivo perfecto para corroborar esta teoría.

Sang-soo entiende cabalmente esta cualidad inherente al cine e impregna su película de instantes en los que las imágenes entran en conflicto, se vuelven, en simultáneo, tanto realidad como representación, para finalmente desaparecer. El juego metaficcional siempre presente en sus películas, en donde se suelen presentar personajes ligados al mundo cinematográfico, reside en mostrar la dualidad entre el actor y el personaje, figuras en constante resignificación que navegan en el límite entre lo real y lo imaginario. En una magistral escena, Manhee regresa al café donde su jefa la despidió horas antes. Ya es de noche y el lugar tiene un aspecto distinto, aunque como espectadores reconocemos que se trata del mismo espacio visto anteriormente. Manhee, aún en busca de una explicación sobre lo sucedido, se sienta en la mesa, mientras un flashback sonoro recupera la conversación con Yanghye. Manhee, que ahora habla sola, le vuelve a contestar a su jefa, que ya no está presente en el lugar, lo que nos confirma la imposibilidad de recrear una escena que ya ha tenido lugar. Otro aspecto interesante es el que nos lleva a percibir a Manhee como una figura externa a la escena, una actriz que intenta forzar una nueva representación de lo sucedido.

El conflicto entre realidad y representación es también planteado por la cámara, que realiza varios zoom in en distintas escenas. Este recurso no es arbitrario, ya que el director lo utiliza en momentos específicos, esto es, cuando como espectadores estamos en proceso de asimilación de esa representación como si se tratara de hechos reales. Tanto los zoom in como la utilización de saltos temporales a lo largo de la película, nos recuerdan la presencia del narrador, en un intento por evidenciar el choque entre lo real y lo representado.

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