#374. Spartacus (Stanley Kubrick, 1960)

★★★½  (7/10)

Spartacus

“Spartacus” surge por iniciativa de Kirk Douglas, que luego de haber sido rechazado por William Wyler como protagonista de Ben-Hur, se encargó de producir la película, cuya historia, al igual que Ben-Hur, se remonta a la Antigua Roma, y también tiene como protagonista a un individuo que se rebela contra el Imperio. La primera escena, en la cual Spartacus y un grupo de esclavos son tratados como animales bajo el intenso sol de una mina a cielo abierto, fue dirigida por Anthony Mann. En su autobiografía, Douglas escribió que Mann parecía estar asustado ante la envergadura de la película, la cual costó 12 millones de dólares. Así es como Douglas le ofrece el trabajo de director a Kubrick, que si bien ya había dirigido tres películas (incluyendo “Paths of Glory“, con Douglas como protagonista), nunca se había visto involucrado en un proyecto tan ambicioso desde la producción. La falta de control sobre el producto final, típica del sistema de producción hollywoodense, y que Kubrick no volvería a permitir en sus siguientes películas, termina afectando el resultado global, donde asistimos a una historia demasiado convencional que no ofrece una perspectiva original sobre los hechos narrados.

La historia comienza cuando Spartacus es vendido para ser entrenado como gladiador. El protagonista es puesto a prueba mediante distintos entrenamientos, donde comienza a percibir que llegado el momento del enfrentamiento en la “arena”, tendrá dos alternativas: matar o morir. En la misma escuela, conoce a Varinia (Jean Simmons), una esclava británica de la que se enamora. Luego de que Varinia es vendida y enviada fuera del lugar, y el trato hacia el protagonista se vuelve más inhumano, Spartacus lidera un motín por el que todos los esclavos escapan de la escuela, obteniendo momentáneamente, la tan ansiada libertad. En paralelo a la situación de los esclavos, quienes comandados por Spartacus, comienzan a formar un ejército cada vez más numeroso y planean enfrentarse al gobierno central para abolir definitivamente la esclavitud, vemos como los gobernantes de Roma se disputan el poder real. Se trata de dos mundos distantes y contradictorios, que la película presenta mediante escenas intercaladas. Llegado este punto, la cuestión central del argumento se manifiesta de forma transparente, implicando dos resoluciones posibles. En una, Spartacus y su ejército vencen al gobierno y obtienen la libertad, mientras que en la otra, el poder institucional arrasa contra los rebeldes, reinstalando el “orden”. No es difícil imaginar cuál de las dos conclusiones es la que realmente tuvo lugar.

Spartacus tenía todos los elementos para convertirse en el éxito comercial que fue: una potente historia de rebeldía y coraje, un individuo carismático que se sacrifica por una causa, y una historia de amor que si bien posee un final trágico, deja alguna esperanza con la liberación de Varinia y el hijo recién nacido de ambos. En la última escena de la película, Varinia se para frente a su amado, quien se encuentra al borde de la muerte luego de haber sido crucificado por el gobierno, y le dice que su hijo será libre. Pero la gran cantidad de escenas dialogadas, en especial las que tratan el tema de la disputa de poder entre los gobernantes, con las típicas traiciones y artimañas de la clase política, carecen de interés por quedarse siempre en un plano superficial. La excepción se da con determinadas escenas en las que el guión juega con la bisexualidad de algunos gobernantes, como cuando el General Crassus (Laurence Olivier), posa su mano sobre Julio César (John Gavin), en la intimidad de las termas, resultando en un momento poco frecuente en el cine de la época.

Las escenas que destacan de esta superproducción de más de 190 minutos de duración son las que priorizan la acción por sobre el diálogo. En la escuela de gladiadores, donde la destreza física pasa a primer plano y Kubrick, al igual que en Full Metal Jacket, se enfoca en mostrar los arduos entrenamientos a los que los futuros gladiadores son sometidos, la película cobra una intensidad notable que nos sumerge en ese mundo salvaje. Lo mismo sucede con las escenas de batalla, en las que el director aprovecha al máximo las posibilidades brindadas por el formato panorámico y la proyección en 70 mm., así como los efectos surgidos por la utilización de una amplia gama de colores, convirtiendo el campo de batalla en un lienzo móvil que prefigura el imaginario visual de Barry Lyndon.

Más allá de la distancia cultural o histórica con los hechos retratados, la temática de la explotación del hombre por el hombre, y de la rebeldía de un individuo contra el sistema, resultan muy actuales, en especial, considerando que “Spartacus” sería la película encargada de terminar con las listas negras en Hollywood, en las que se incluían a actores, directores y guionistas sospechados de ser comunistas. Fue el mismo Kubrick el que le sugirió a Douglas blanquear que detrás del guión estaba Dalton Trumbo, escritor que hasta ese momento tenía que utilizar seudónimos para vender sus guiones. A pesar de no destacarse como lo mejor de la filmografía de Kubrick, “Spartacus” tiene ciertos elementos de interés que luego se convertirían en marca registrada en cuanto al trabajo de puesta en escena del director.

Por Hernán Touzón

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s