#10. Körkarlen / The Phantom Carriage (Victor Sjöström, 1921)

★★★★ (8/10)

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Perteneciendo a las primeras décadas del siglo XX, y más aún a los primeros pasos de un arte recién nacido, la carreta fantasma del sueco Victor Sjöström se abre paso a través de las imágenes con un hermoso y llamativo estilo que viaja a la par con la complejidad temática de la historia y de cómo es contada en forma y diseño de la narrativa visual. Sí, se trata de una historia de fantasmas, pero también de amor, de redención y de la tridimensionalidad que todo ello alcanza en sintonía con el diseño de igual efecto que posee el cochero de la muerte y el mundo espiritual del inframundo.

Sjöström se pone en la piel del protagonista David Holm para guiar el relato (o más bien los relatos) se irá hilvanando con el uso de distintos tiempos narrativos que, si por momentos pareciera que se trata de sucesos no relacionados, todos terminarán formando el todo del film, superponiendo cada aspecto contado, similar a la manera en que el mundo de los muertos y los vivos no solo se encuentran sino que dependen uno del otro intrínsecamente.

El film nos presenta 3 hilos o fábulas argumentales, por un lado Edit (Astrid Holm) una mujer que asiste a la gente de pocos recursos y que se encuentra en su lecho de muerte debido a la tuberculosis, por otro lado tres borrachos que terminarán en conflicto (el protagonista uno de ellos) y quienes también narran el tercer relato en cuestión. Aquel acerca de la temible carreta fantasma que cambia de chofer en cada noche de año nuevo cuando alguien muere en dicha fecha y debe cargar con las culpas de su reciente acaba vida.

Claro que el nuevo y forzado voluntario para ocupar el puesto del cochero es David, a quien conocemos a raíz de su fallecimiento pero que, en conversaciones con la muerte, atestiguamos un nuevo punto narrativo donde la implementación del flashback nos brindan el trasfondo y la historia personal que acarrea este sujeto, conocido en vida como una persona egoísta y abusiva, tanto con su círculo familiar (su mujer y dos hijos) como también con aquellos que se encuentran a su paso (como Edit quien una noche fría de año nuevo lo supo acoger dándole una cama donde dormir, comida y arreglo a su abrigo).

De forma laberíntica, pero nunca de manera confusa, el film alterna los tiempos y la narrativa enlazados finamente con David y Edit, entendiendo la relación que los une pero sin nunca dilucidar del todo la forma en que podrá tener una conclusión. Porque en su contenido y en su nivel narrativo, Sjöström se sirve del género de terror para brindar en realidad un entendimiento dramático a cada uno de sus personajes.

Un interés que va más allá de toda complejidad de construcción y se centra en las relaciones interpersonales con el film de lograr acompañar a estos personajes. Algo que se liga de manera perfecta por el amor (el de Edit por David y el de éste tardíamente por su esposa), y también por las emociones que despierta en el espectador, sea por la trama, por el nivel artístico que posee, o simplemente por ambos. Habitando en sintonía como el cochero fantasma y los pasajeros que sacaron boleto por esta vida… y por la otra.

Por Nicolás Ponisio

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