#OFFTOPIC. Get Out (Jordan Peele, 2017)

★★★ (6/10)

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Get Out, ópera prima del comediante Jordan Peele, se presenta como un film que aborda el tema de la tensión racial (que la tiene) aplicado en el género de terror (que no lo tiene). Con una pasiva agresividad discriminatoria que va en aumento, el director sitúa a su protagonista Chris (Daniel Kaluuya) en un constante ámbito de incomodidad que se aplica tanto a él como a nosotros como espectadores poniéndonos en su lugar. Por lo cual su planteo, y en principio la forma en que lo va desarrollando, trae sobre la mesa distintos ejemplos de las tensionantes situaciones que debe vivir y sufrir alguien a quien, culturalmente, se le atribuye la etiqueta de “diferente”.

La manera en que la historia de este joven afroamericano, que decide viajar con su novia Rose (Allison Williams) para conocer a sus padres (una familia de la aristocracia blanca), hace uso del suspenso en el terreno de la discriminación es tratado entre la comicidad y el suspenso, pero siempre de manera crítica con una problemática muy realista que atañe a toda sociedad. Es así como los diferentes tratos hacia Chris se dan paulatinamente con pequeños casos aislados como el hecho de que un oficial de policía le pida sus documentos solo por ser negro, o la incorrecta amabilidad de su suegro Dean (Bradley Whitford) que saca a colación temas como la habilidad de corredor de Jesse Owens debido a su etnia o su apoyo a la presidencia de Obama.

Dichas situaciones dejan pronto de ser aisladas y comienzan a formar un patrón en relación a la familia de Rose y todo su círculo de la alta sociedad. La tensión es creada mediante el tono racista que se disfraza de nefastos halagos y apreciaciones sobre la raza negra, acompañado de la extrañeza generada que maneja una incertidumbre inquietante. Sin embargo, a medida que el film comienza a alejarse de su interesante crítica social y se acerca más al terror convencional, es cuando el film comienza a caer en desgracia de la misma forma que Chris cae en el “lugar hundido” bajo el control hipnótico de su suegra Missy (Catherine Keener).

La primera vez que es utilizado el recurso de la hipnosis, el film sorprende y abre ciertos interrogantes que le aportan su carga pesadillezca a la historia. Pero en cuanto las preguntas comienzan a responderse se borra del plano todo atisbo de realismo crítico para darle lugar a una fantasía de horror que no guarda tras de sí mirada o trasfondo alguno en relación a su planteo inicial. Su director devela unas intenciones ligadas a parecerse a un film de género más del montón, una suerte de The Skeleton Key (Iain Softley, 2005) a la inversa, que a esforzarse en sostener sus interesantes ideas. Se aleja del trasfondo realista y en el camino pierde toda posibilidad de ocupar cualquier lugar relevante que su discurso podía ofrecerle. Jordan Peele saborea su propio film y en cierta forma se termina discriminando a sí mismo.

Por Nicolás Ponisio

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