#35. The General (Buster Keaton y Clyde Bruckman, 1926)

★★★★½  (9/10)

keaton

El tren, símbolo del progreso industrial/tecnológico de la era moderna, es un elemento recurrente en el cine. Ya los Lumière percibieron la concordancia entre cine y movimiento, cualidad distintiva del nuevo medio, y lo ejemplificaron con lo que se considera una de las primeras películas de la historia, “Llegada del tren a la estación de La Ciotat”. Porter hizo del tren el personaje estrella en “Asalto y Robo de un Tren”, prototipo del cine de acción y el western, además de uno de los primeros intentos por romper con la identificación entre escena y toma. Hitchcock, que entendía más que cualquier otro la dinámica del suspenso y la tensión dramática, encontró en la velocidad del tren un disparador de situaciones de riesgo e inevitabilidad.

En “The General”, Keaton elabora una comedia que gira casi en su totalidad alrededor de locomotoras y se sostiene fundamentalmente por una seguidilla de gags y situaciones disparatadas en las que la adrenalina y la velocidad aumentan escena a escena. Johnnie Gray, interpretado por el inconfundible Keaton, es maquinista de “La General”, una locomotora que es robada por el ejército de la Unión durante la Guerra de Secesión. El otro amor de Johnnie, además de la locomotora, es Annabelle, quien se niega a volver a verlo cuando el primero es rechazado como posible miembro del ejército confederado. Johnnie va en busca de “La General” y cuando logra dar con ella, ve que Annabelle ha sido tomada como prisionera por el bando opuesto. Así es como comienza una persecución a través de las vías, en las que Johnnie debe utilizar su ingenio y destreza para evitar que los enemigos lleven a cabo su plan de derrotar al ejército de la Unión.

La locomotora se convierte, de esta manera, en una extensión del cuerpo del protagonista, donde hombre y máquina se unifican, amplificando tanto la destreza de Keaton como el talante cómico de la película. Pero no es tanto la destreza como la casualidad, el elemento contingente, lo que nos sorprende a cada paso y genera un sinfín de posibilidades en cada escena, mientras Johnnie, que conoce cada rincón del tren, debe ingeniárselas para mantener alejados a sus perseguidores, todo sucediendo a gran velocidad. La persecución concluye en una escena monumental, principalmente por los recursos que significó para ser rodada, en la que el tren de los enemigos cae de un puente.

A pesar del fracaso comercial que resultó ser la película, la misma evidencia a la perfección la capacidad de Keaton para narrar una historia que se sostiene, casi exclusivamente, en base a su presencia escénica y a su carisma y destreza física (Keaton no utiliza dobles de riesgo), algo de lo que no muchos artistas pueden jactarse.

Por Hernán Touzón.

 

 

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