#809. Ariel (Aki Kaurismaki, 1988)

★★★★ (8/10)

Captura de pantalla 2018-02-13 a las 22.18.19

La expresión “menos es más” aplica a la perfección al universo de Kaurismaki, un director que se ha mantenido fiel a una estética y ha encontrado una voz propia y característica, formando parte de un grupo de directores europeos que mantiene el legado de los grandes maestros del séptimo arte.

En las películas del director finlandés nos introducimos en la historia apenas nos acomodamos en la butaca. En el caso de la película “Ariel”, Taisto (Turo Pajala), un hombre desempleado de mediana edad escucha a su padre en lo que parece ser otro de tantos sermones sobre la vida. En este discurso de padre a hijo, Kaurismaki vuelve sobre uno de su temas favoritos: la crisis del capitalismo que genera falta de oportunidades laborales y la búsqueda de una identidad por parte de los personajes, que huyen en busca de un futuro mejor. Luego del cierre de la mina donde Taisto solía trabajar, su padre le dice que no pierda más el tiempo y que se marche de la ciudad. Seguido de esto, el padre se dirige al baño del bar y se pega un tiro. Pero nunca vemos la acción en imágenes, ya que es a través del fuera de campo, una de las grandes marcas autorales del director, que nos enteramos del hecho.

Así comienza el viaje del protagonista, quien sueña con comenzar una “nueva vida”, a bordo del descapotable que le ha dejado su padre. Pero las cosas no salen según sus planes. En el camino le roban todo el dinero que tenía y el trabajo que le ofrecen en la nueva ciudad no le alcanza ni siquiera para alquilar un piso decente. Por una coincidencia, Taisto termina en prisión, donde entabla amistad con Mikkonen (Matti Pellonpää, actor usual en las películas de Kaurismaki). Es allí donde comienza a planear su escape definitivo, que consiste en viajar de manera ilegal en un barco con una identidad falsa, junto a su nueva familia, una mujer con un hijo pequeño que debe mantener dos trabajos por haberse endeudado para amueblar toda su casa.

Si bien la trama tiene muchos elementos que podrían resultar inverosímiles, la mayor gracia de la película reside en la forma en que estos eventos son escenificados. Además de ser un especialista en mezclar drama y humor, Kaurismaki es brillante en cuanto a las caracterizaciones de los personajes, recurriendo a diálogos sencillos y acciones minimalistas, produciendo una síntesis visual y sonora tremendamente original. El gran aporte de Kaurismaki puede rastrearse en su trabajo sobre las formas, antes que en el contenido narrativo. Lo que a primera vista puede resultar simple para el espectador se contrapone a una calculada puesta en escena, en donde cada objeto tiene una función específica y la austeridad termina siendo, paradójicamente, un elemento dramático muy potente.

Por Hernán Touzón

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