#770. The Untouchables (Brian De Palma, 1987)

★★★★★ (10/10)

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De Palma es un director que siempre ha entendido a la perfección el manejo de los tiempos narrativos y la utilización de los géneros cinematográficos. The Untouchables ocupa su lugar en la historia del séptimo arte como el punto más álgido de ese entendimiento del director, quien utiliza la historia de la caza que emprende Eliot Ness (Kevin Costner) en busca de apresar a Al Capone (Robert De Niro), para trasladar su talento al cine más mainstream. Y lo logra sin dejar de lado su costado kitsch ni el lenguaje visual tan propio de su estilo, solo lo traslada y lo perfecciona siendo fiel a sí mismo y a su obra.

El film se aggiorna a la estructura tan personal del director, quien toma la fórmula de un policial clásico para describir de forma excelente una época en particular de los Estados Unidos, pero también para escribir visualmente dicha historia y a la vez reescribir hitos pertenecientes a los comienzos del cine. Sin perder nunca el clasicismo, allí siempre están presentes las huellas de su admirado Hitchcock, De Palma opta por ambientar su historia en distintos entornos y géneros para dar cuenta de la resignificación de los elementos que entran en sintonía con la importancia del trasfondo de sus personajes.

Es así como el film aborda el dilema de Ness, quien se divide entre hacer cumplir la ley y el riesgo que eso conlleva en su posición como padre y esposo, ejemplificándolo al mismo tiempo con el poder de las imágenes en una secuencia de acción y suspenso que representa varios factores de dualidad. Por un lado, la escena en cuestión tiene a Ness enfrentándose a una balacera con lacayos de Capone a la vez que intenta salvar un bebé que cae en su cochecito por las escalinatas donde se está desarrollando el conflicto. La escena por sí sola sirve como elemento de suspenso, como lectura de lo sucede interiormente con el personaje y por último, como reinterpretación de una escena clásica del cine (El acorazado Potemkin) que se convierte en un nuevo clásico con la fuerza del lenguaje visual.

Con ejemplos como ese, pasando por otros con elementos del terror y el western, el director se permite utilizar lo conocido pero llevándolo mucho más que a una función referencial. Lo implementa con el fin de poder contar y transmitir emocionalmente con herramientas puramente cinematográficas. Encuentra la manera de expresar todo ello contando solo con el entendimiento del medio creativo. Conflictos internos de los personajes, ritmos de género y la narración principal,  todo sin necesidad de alternarlos sino que los unifica funcionando en más de un sentido en cada plano y secuencia constructiva. De Palma entiende el cine y también lo habla. Y este film, tal vez su discurso más importante, donde cada plano, cada puesta en escena es una palabra que forma parte de la totalidad del lenguaje que maneja. El lenguaje que es el cine en su máxima expresión.

Por Nicolás Ponisio

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