#188. The Lost Weekend (Billy Wilder, 1945)

★★★★ (8/10)

lost weekend

Una toma panorámica recorre la ciudad de Nueva York y se posa en una ventana. Allí, una botella de whisky cuelga de una soga. La cámara ingresa a un departamento donde vemos a Don Birnam (Ray Milland), un novelista frustrado cuyo hermano intenta alejarlo de la bebida invitándolo a un reparador viaje a la naturaleza durante el fin de semana. El tono ligero y cómico del comienzo, donde Don intenta sin éxito hacerse con la botella escondida en la ventana para llevarla consigo al viaje, rápidamente se convierte en oscuro y deprimente.

En el bar, el último refugio de Don, éste rememora sus fracasos ante Nat, el bartender, quien lo escucha sin poder ayudarlo. Todas las historias que el protagonista narra están irremediablemente ligadas al alcohol. Allí conocemos más acerca de su pasado y de su relación con Helen (Jane Wyman), quien aún intenta encarrilarlo. Pero la verdadera razón detrás de la adicción de Don reside en sus fallidos intentos por escribir una novela que toque el corazón del público.

Lo que sigue es un descenso a los infiernos. Don debe ingeniárselas para conseguir dinero con el fin de costear sus excesos ya que su hermano Wick, con quien comparte el departamento, se ha ido y ha revisado meticulosamente todos los escondites donde Don suele guardar reservas de whisky. Esto lleva al protagonista a recorrer casas de empeño con uno de sus objetos más preciados, la máquina de escribir que recibió como regalo de su madre cuando, antes de mudarse a Nueva York, parecía ser la nueva promesa de la literatura. En una larga e interminable caminata al sol, Don siente que el mundo se ha vuelto contra él; todas las casas de empeño están cerradas por el feriado de Yom Kippur. Don vuelve al bar y fruto de la abstinencia, ingresa en un espiral de desesperación seguido de una recaída por la que pierde su máquina de escribir y es llevado en ambulancia a un hospital psiquiátrico.

La salud mental de Don pende de un hilo y las alucinaciones no lo dejan en paz. No solo ha perdido su máquina de escribir sino también su rumbo. Pero cuando parece que Don va a rendirse, Helen hace que tome conciencia de su situación y pueda encontrar una salida. Don vuelve a encontrar su eje en la literatura y recibe el último empujón que necesitaba cuando Nat ingresa a su casa y le trae la máquina de escribir de vuelta. Don se sienta frente a su máquina de escribir y comienza a esbozar lo que será su nueva novela, titulada “The Bottle” (La Botella), basada en su propia historia de vida y su lucha por mantenerse sobrio. En una toma inversa a la del comienzo, la cámara sale por la ventana, vemos la botella de whisky colgando de una soga y con una vista panorámica de la ciudad Don se pregunta cuántas otras personas estarán pasando por lo mismo que él.

No son muchos los casos en los que Hollywood se enfoca en las adicciones, sin utilizarlas como meros adornos que aumentan las debilidades de los personajes. En esta película, la diferencia radica en que Wilder abandona cualquier tipo de retórica moralista y se centra en las consecuencias del alcoholismo de manera directa. La adicción es en sí misma el núcleo desde el que surge el conflicto del personaje y es la gran fuerza antagonista de la película, todo un mérito considerando la época en la que la misma fue rodada.

Por Hernán Touzón

 

 

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