#259. Umberto D. (Vittorio De Sica, 1952)

★★★★★ (10/10)

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Umberto Domenico Ferrari (interpretado magistralmente por el lingüista Carlo Battisti) recorre las calles de Roma con Flike, su perro y única compañía. Vive en una habitación administrada por una mujer burguesa sin consideración y se enfrenta a dos problemas a la vez: ya es una persona mayor y el recorte de pensiones pone en riesgo su situación económica.

En una carrera contrarreloj por evitar terminar en la calle, Umberto D. vende los pocos objetos que le quedan – un reloj y dos libros. Luego arma su valija, se viste con su único traje y llama al hospital. Umberto recibe la visita de dos enfermeros y les pide que lo esperen afuera con la camilla mientras se prepara: su plan es pasar al menos una semana en el hospital para ahorrar lo suficiente y así tener un respiro. Al volver a su casa, su perro Flike ha desaparecido y su habitación está siendo remodelada para otros usos, por lo que debe marcharse.

El protagonista recorre la ciudad en busca de Flike y termina en una perrera, en donde observa cómo muchos perros sin dueño son enviados a la muerte. Luego de recuperar a su perro – una de las escenas más emotivas de la película-, Umberto deambula por las calles intentando encontrar una salida, pero su energía vital comienza a desvanecerse, llevándolo a considerar el suicidio.

La historia de Umberto D. (y de tantos otros) es, por una parte, la lucha de un hombre por mantener su dignidad, que se manifiesta en todo su esplendor en la escena en la que el protagonista duda acerca de pedir o no limosnas en la calle. Su gran temor es no poder valerse por sí mismo y ser visto como un mendigo por su entorno. Por otra parte, es una historia que nos enseña a aferrarnos a lo que tenemos y a no perder las esperanzas, aún en situaciones desfavorables.

Al igual que en Ladri di biciclette, De Sica (nuevamente en colaboración con el guionista Cesare Zavattini) se enfoca en la lucha de un hombre indefenso contra el sistema, temática recurrente del neorrealismo, atravesado por la destrucción y lenta recuperación social y económica de la Italia de posguerra. Una obra maestra que mantiene su completa vigencia en la actualidad.

Por Hernán Touzón

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