Por Nicolás Ponisio


Título original: Call Me by Your Name. Año: 2017. Duración: 130 min. País: Italia. Dirección: Luca Guadagnino. Guion: James Ivory (Novela: André Aciman). Música: Sufjan Stevens. Fotografía: Sayombhu Mukdeeprom. Reparto: Timothée Chalamet, Armie Hammer, Michael Stuhlbarg, Amira Casar, Esther Garrel, Victoire Du Bois, Elena Bucci, Marco Sgrosso, André Aciman, Peter Spears. Productora: Frenesy Film Company / RT Features / La Cinéfacture / Water’s End Productions / M.Y.R.A. Entertainment / Lombardia Film Commission. Distribuida por Sony Pictures Classics.


Con Call Me by Your Name, el director italiano Luca Guadagnino borra todo elemento prejuicioso, ya que los lugares comunes y el falso carácter progresista (ejem, teléfono para Moonlight) no encuentran su lugar en la historia de amor entre un hombre y un adolescente, sino todo lo contrario. En su sencillez, en la calidez despierta por y entre sus personajes, se puede saborear la ternura y el amor, mezclado sensualmente con el gusto y el olor del verano y los amantes.

El relato se centra en el romance de verano que viven Elio (Timothée Chalamet), un joven estadounidense de 17 años que vive con sus padres en el campo italiano, y Oliver (Armie Hammer), quien pasará una estadía con ellos como asistente del padre de Elio en su trabajo arqueológico. El director describe la relación de ambos sujetos con la misma sutileza con la que describe la bella geografía italiana que rodea a los personajes, desde sus primeros encuentros un tanto antagónicos (los que se odian se aman), hasta la compañía y el entendimiento entre sí que se brindan el uno al otro.

Poeta del ambiente como lo es, Guadagnino dota a los espacios y los objetos de una atmósfera constantemente seductora. De esta forma, el film resulta ser una experiencia sensorial donde, a medida que el deseo de Elio y Oliver va en aumento, lo mismo puede percibirse en cada aspecto de la personalidad de los personajes y de su entorno. Una celebración del amor de manera hermosa, íntima y sensual que embebe al film desde la presencia de los paisajes campestres, la relación de los personajes –con una conmovedora escena entre Elio y su padre (Michael Stuhlbarg) como ejemplo de lo que debería ser un diálogo entre padre e hijo-, y la erotización de los objetos.

De manera delicada y seductora, objetos inanimados como lo son las prendas de vestir, un short o una camisa, la figura de una estatua o el fruto de un árbol son dotados de una identidad atractiva. El director como hedonista cinematográfico. La sensualidad florece entre los días calurosos y la calma campestre y lo hace aún más cuando los cuerpos se encuentran, cuando la piel se alimenta del goce de los amantes. En esa carga íntima que el film comparte con el espectador, se halla un espacio en el cual la atracción de dos personas del mismo sexo no implica problema alguno y, a lo sumo, dicho problema es amar. Pero un problema del que nadie nunca debería arrepentirse. Y justamente, eso mismo se propone y logra transmitir la historia de Oliver y Elio. Definitivamente, un verano para recordar.

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