★★★ (6/10)

Hay films que si bien responden a la idea de rendir tributo a una figura histórica, lo hacen desde una mirada dual con la cual se puede brindar un acercamiento al prócer en cuestión, reuniendo tanto sus logros como sus desaciertos. Sin embargo, lo que ocurre con Lincoln de Spielberg es que el carácter sobrio y un tanto frío del film encuentra su narrativa ligada meramente en la vanagloria de los actos del decimosexto presidente de los Estados Unidos. Y si bien la celebración de sus actos durante el último tiempo de su mandato es algo que está bien dentro del contexto de la guerra civil y las intenciones de abolir la esclavitud, de alguna forma resuena también en la forma de un acérrimo patriotismo con cierta falta de honestidad por parte del director hacia el espectador, y también a sí mismo.

La recreación histórica del mes previo a lograr darle fin al trabajo esclavo relata los conflictos políticos, familiares e internos de Lincoln (Daniel Day-Lewis), con las dudas y miedos de un hombre que está dispuesto a todo con tal de lograr que se apruebe la decimotercera enmienda de la constitución norteamericana. Se destaca la imagen de  Lincoln lidiando entre hacer que la guerra termine o extenderla hasta finalmente lograr la aprobación de la enmienda, a la vez que intenta ser un apoyo para su mujer Mary (Sally Field) y dividirse entre proteger la vida de su hijo mayor Robert (Joseph Gordon-Levitt) negándole combatir en el campo de batalla o permitiéndole adentrarse de forma valerosa en él.

Es así como el film se divide entre el lugar de Lincoln como presidente y como hombre de familia. Ambos aspectos de su vida donde debe hacer tomas de decisiones igual de importantes y que marcarán el rumbo del futuro de sus seres queridos y de su pueblo. Pero además de esa falta de objetividad, invisible para todo aquel que se deje cegar por los colores de una bandera, es la cadencia del relato lo que hace que por más honorables que sean los actos del protagonista, éstos no resulten de mucho interés.

Daniel Day-Lewis posee una presencia y un nivel de interpretación que maravilla y le aporta vida a los diálogos y las escenas que cuentan con él. Pero la densa estructura teatral y un tanto aletargada le quita ritmo, interés y brillo a la totalidad del film. La elegancia narrativa está presente pero peca de tal vanidad que resulta de ser atractiva. Similar al dialogar con alguien que en primera instancia resulta de más interesante, pero que al cruzar palabras el único aspecto que reluce es el de la soberbia. Spielberg deposita la atención en la grandeza de Lincoln y los líderes que hicieron posible un gran cambio. Lo eleva al nivel de un dios y por ende todo lo verídico termina resultando demasiado perfecto para tratarse de un film honesto.

Por Nicolás Ponisio

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