★★★½ (7/10)

Spielberg se sirve de los elementos del cine clásico, en la línea de John Ford y Victor Fleming, para narrar su historia de la Primera Guerra Mundial siguiendo los pasos de Joey, un caballo, dentro del contexto histórico. La sencillez argumental es la que da lugar a que la historia del animal, y sus distintos compañeros y amistades a lo largo de los cuatro años de guerra, sea contada con ternura naif y la pasión artística que reluce a través de la construcción visual con la que el director le da forma y vida al relato.

El film comienza con el nacimiento de un potrillo, dejando en claro que la historia es sobre él y será contada solo a través de él. Es por ello que desde que es subastado y adquirido por los Narracott, una humilde familia de granjeros, hasta que la tranquila vida campestre del equino se ve alcanzada por el caos de la guerra, Joey es el protagonista y testigo de la bondad y crueldad del hombre. Ambas caras de una misma moneda que Spielberg sabe relucir por igual.

En cada micro relato en el que se ve representada la relación de Joey con un humano, entra en juego los aciertos, los errores, los temores y alegrías de las acciones de los personajes. El poco tiempo que el animal comparte con cada uno de ellos, como su fiel amigo Albert (Jeremy Irvine) que le brindó crianza y cariño o Emilie (Celine Buckens) la niña que lo resguardó de los soldados alemanes, retrata diferentes historias de vida que ganan un aprendizaje a través del cuidado del purasangre.

Es de más interesante el concepto de tomar la figura del caballo como un soldado más que se ve envuelto en una guerra de la que no forma parte. El galope embravecido y el amor que mantiene por su viejo amigo, quien también combate desde las trincheras, se ve trasladado en la forma narrativa de las imágenes. La fotografía de Janusz Kaminski, los encuadres y el montaje combaten su propia lucha a la hora de transmitir el sentimiento salvaje, pasional, de la criatura a través de lo visual. Sea cumpliendo su función como caballo de las tropas inglesas, como herramienta para trasladar cañones en el ejército alemán o incluso como unión, un tanto cursi, de ambos bandos en pos del bienestar del animal.

Spielberg se encarga de depositar a Joey en todos los terrenos posibles dentro del contexto bélico (del lado británico, alemán y francés), porque lo que le interesa son los puntos de unión y vivencias por los que pasa el protagonista ecuestre. Es así que la fórmula narrativa que combina el protagónico animal con los ecos del cine clásico, resulta en una mirada nunca antes realizada dentro de la guerra, que le brinda al film la experiencia de estar ante algo nuevo con el sabor de aquellos viejos clásicos.

Por Nicolás Ponisio

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