#605. Jaws (Steven Spielberg, 1975)

★★★★ (8/10)

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Spielberg filma con el mismo ímpetu que el tiburón del film arremete contra sus víctimas. A través de lo que decide mostrar con la cámara, y lo que no, demuestra el porqué de que Jaws sea un gran clásico del cine. Film y escualo son lo mismo en manos del director, una creación de atmósfera intensa que incentiva el nerviosismo de los personajes y el espectador. Con la sutileza y el manejo de la puesta de cámara que emplea Spielberg, la amenaza acecha en todo momento y de esa forma, el perder la atención de su público se vuelve algo imposible.

Es así como el director emplea todos los elementos que dispone a su favor, desde la clásica subjetiva de la criatura que observa a su presa, hasta la implementación de objetos inanimados, como lo es un muelle destrozado o unos barriles. Objetos que, supuestamente atados al animal, funcionan como alerta del peligro que se aproxima sin siquiera contar con la temible criatura en pantalla. Con dicha ejecución del suspenso y el horror, el film logra mantenerse a flote sin nunca correr peligro de que la gran embarcación que es la historia termine hundiéndose.

Pero más importante aún que los recursos utilizados para sugerir y provocar el horror, es la forma en que los personajes, por más estereotipados que algunos puedan resultar, terminan suponiendo un lugar de mayor importancia que la de mera función para cazar a la bestia. Los tres hombres principales, el jefe de policía y padre de familia Martin Brody (Roy Scheider), el oceanógrafo Matt Hooper (Richard Dreyfuss) y el cazador de tiburones Quint (Robert Shaw), guardan en sus diferentes personalidades los miedos y las ambiciones que representa para cada uno la captura del animal. A la vez, el vínculo que pasan a tener entre sí, dentro y fuera del mar, los deposita a un nivel de entendimiento y unión en común que lo vuelve esencial para que se desee la supervivencia de ellos.

El miedo y las preocupaciones de los personajes, y principalmente del jefe Brody, se vuelven reales porque de esta manera fueron construidos a lo largo de la trama. Spielberg demuestra su amor y pasión por lo que quiere contar tomándose el tiempo que necesita para que las emociones de sus personajes, y las que despierten éstos en su público, sean honestas y reales para con la historia. Es así como logra mantener siempre presente la tensión. Ejemplo de ello es la escena en la playa donde la intranquilidad del jefe Brody se respira en cada plano y en el rostro del personaje. Un temor que pareciera no querer abandonar la mente del protagonista y un uso del suspenso que se niega a desaparecer cuando ya tiene a todos atrapados al borde de la costa y del asiento.

De esta manera, toda construcción realizada por el director funciona en pos de mantener la tensión presente, esté o no aguardando el temible tiburón en las cercanías de las playas de la isla. La presencia del mismo siempre se encuentra en pantalla por más que la criatura no lo de esté de forma física. La construcción del fuera de campo y  la manera en la que su amenaza altera el pensamiento de los personajes es motivo suficiente para lograr que el animal gane terreno, invadiendo el plano cinematográfico en todas las formas posibles. Creando el horror y el atractivo que el mismo genera para que no se pueda dejar de observarlo, y más importante aún, para que sea imposible el no sentirlo.

Por Nicolás Ponisio

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