#736. The Color Purple (Steven Spielberg, 1985)

★★★½ (7/10)

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El film de Spielberg presenta desde un comienzo, y lo sostendrá a lo largo de su duración, a la inocencia como mirada, como testigo de los peores actos humanos. Partiendo desde una pequeña Celie (Desreta Jackson) que, con tan solo catorce años, da a luz por segunda vez y la niña nacida le es arrebatada de sus brazos. De esta manera, Spielberg introduce al espectador a un mundo donde la inocencia se le es birlada a Celie y su hermana Nettie, durante décadas a comienzos del siglo XX. De la misma manera que, en primera instancia, le quitaron a sus hijos y tiempo después a su hermana.

La difícil existencia de Celie (interpretada en su versión adulta por Whoopi Goldberg), representa parte de la trágica historia vivida por los afroamericanos en “la tierra de las oportunidades”. Quizás ya no esclavizados al son de los latigazos, pero sí en el constante abuso infligido por la sociedad, sin distinción alguna de género o color. Y como el gran contador de historias que es, Spielberg aborda su obra con la delicadeza que corresponde. Lo hace junto al horror del maltrato y el sufrimiento de su protagonista, un dolor que recae en la pobre mujer y en el espectador también, pero narrado con la elegancia y la belleza cinematográfica de su creador.

Cuando no se trata de la mirada inocente de su protagonista, el relato en gran parte cuenta siempre con niños que presencian, conscientes o no, el sometimiento que padecen Celie y otras mujeres del campo. Celie y Nettie sufren la violencia y el abuso sexual por parte de su padrastro como también del señor Johnson (Danny Glover), el hombre que las “posee”. Por otro lado,  Sofia (Oprah Winfrey) es una mujer que no se deja dominar y eso la lleva a vivir lejos de su familia estando en prisión o esclavizada sirviendo a la mujer del alcalde. Y por último, la cantante de blues Shug (Margaret Avery), quien es libre de todo dominio pero vive con el sufrimiento de ser juzgada por la mirada religiosa de su padre.

En cada uno de estos micro relatos que rodean la vida de Celie, belleza e inocencia se hacen presente, por momentos con la posibilidad de que ello deje de existir, por otros en la forma de la esperanza de que siga allí en los momentos más trágicos. Lo cierto es que el film de Spielberg resalta belleza y tragedia con el tono y el ritmo necesario para que se grabe en la retina la importancia de los acontecimientos, siendo incapaz de ser olvidados una vez vistos.

El director transmite el dolor en la vida de Celie con el fin de también poder vislumbrar la fuerza y la belleza en esas mujeres que parecieran no tener nada en un mundo que les quita todo. Y donde reside la fuerza de ellas, también lo hace la fuerza del film de Spielberg. Brillando de la misma forma que lo hace el atardecer que recorta la figura de la protagonista, o el color púrpura que rodea a ella y su hermana. Jugando, amando y sufriendo por igual.

Por Nicolás Ponisio

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