#92. Bride of Frankenstein (James Whale, 1935)

★★★½ (7/10)

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James Whale retoma el clásico del monstruo creado a partir de cadáveres (Boris Karloff), y si bien por el título todo pareciera indicar que el centro de la historia será la novia de la criatura (Elsa Lanchester quien también se pone en la piel de la autora Mary Shelley), el núcleo del film es otro. Es el amor, sí, pero en la forma del deseo y los sentimientos de una criatura que no tiene a nadie en el mundo. Por otro lado, Elizabeth (Valerie Hobson) la novia de Frankenstein (Colin Clive), es el vínculo que mantiene racional al otrora científico con complejo de Dios.

De esta forma, la presencia y falta de amor para creador y criatura resulta vital para el desarrollo de la trama, significando el título del film al puro sentimiento que tienen ambos personajes y no situándolo como referencia a una persona concreta. Es así como el director sitúa al personaje del monstruo en distintos momentos donde se puede atestiguar el hostigamiento de un pueblo incivilizado, la soledad del ser incomprendido y el amor que puede hallar brevemente en la forma de una bella amistad.

Es imposible no querer a esta criatura, al ver que con el trato adecuado, con la suave caricia del afecto, no es más que otra persona en busca de cariño. Un reflejo de todos los solitarios. Cuando conoce a un ciego que vive solo en una cabaña, el director logra ejemplificar la tristeza de la criatura en las palabras de su nuevo amigo y la relación que puede formar sin una mirada que lo juzgue o rechace. Claro que el film, al igual que la adaptación predecesora, no evita la tragedia, y toda la calma que se le es ofrecida muere de forma abrupta ante el horror del género al que pertenece la historia.

Porque un ser como éste no tiene cabida dentro de la sociedad de un mundo como este. Porque son pocos los que pueden observar los ojos de un ser necesitado de amor. E incluso en la forma de una mujer concebida igual que él, el reflejo de los ojos de ella no son más que miedo y desesperación. Quizás el pensamiento más lógico dentro del caos de la invención y la destrucción sea una de las frases más románticas de la historia del cine: “We belong dead”. El  sacrificio final, al igual que el film, es un acto de horror y amor.

Por Nicolás Ponisio

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