#607. Carrie (Brian De Palma, 1976)

★★★½ (7/10)

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Nadie mejor que Brian De Palma, uno de los grandes maestros del suspenso y el horror en términos cinematográficos, para traducir al lenguaje visual la primera obra publicada por Stephen King, otro maestro del horror, en este caso del literario. Lo que logra De Palma con Carrie es un ejercicio estético que se abre camino al captar el horror nacido en las páginas de King en cada construcción compositiva de sus imágenes.

Los créditos iniciales del film se deslizan entre un sinfín de adolescentes semidesnudas que juguetean y ríen entre ellas mientras se cambian en el vestuario del colegio. El delicado plano secuencia que narra estos hechos, con una estética fotográfica de ensueño, termina con Carrie (Sissy Spacek) en la ducha. El shock inicial no tardará en ocurrir, del manantial de agua que corre por sus piernas irrumpirá la sangre, y la narración de la escena pasará del ensueño a la más perturbadora pesadilla.

Es así como el director introduce dos factores de vital importancia para la búsqueda narrativa de su film. Por un lado la idea del factor sobrenatural como símbolo de las inseguridades y la etapa de crecimiento de una niña que siempre ha estado en el foco de atención de la burla y el abuso. Por el otro el manejo de las imágenes, con esa estética bien del giallo italiano, que plantean un juego estético de composición con el fin de significar cada plano, en sintonía con lo que le ocurre a la protagonista.

El nerviosismo presente y la importancia de lo que le ocurre a Carrie va desde la incomprensión y las molestias ocasionadas por sus compañeras lideradas por Chris (Nancy Allen), pasando por el abuso en el hogar de una madre dominada por el fanatismo religioso (Piper Laurie), hasta esa etapa de confusión y cambio adolescente. Algo que aquí se enfatiza todavía más con la presencia del despertar de sus poderes telekinéticos. Una vida de opresión y abusos constantes no puede carecer de tensión y es lo que De Palma hace de igual forma con el desarrollo de su film.

Si bien desde la dirección se permite insertar algunos momentos que rozan la comedia, y que algunos de ellos desentonan bastante con el tono principal, la tensión y el horror se encuentran mayormente presente gracias a la elección de cómo narrar. El director sin necesidad de apresurarse se toma el tiempo necesario con planos largos, más nunca estáticos, para contar e incrementar el caos venidero.

Se construye al mismo tiempo el espacio geográfico de la escena junto a las acciones de los personajes logrando depositar la atención en lo que verdaderamente importa. Tal es así que cuando el horror estalla, el uso del montaje que utiliza le da forma y entendimiento al caos desatado por la ira de Carrie. Es así como De Palma le otorga importancia narrativa y estilismo estético a todo lo que filma, dando un uso provechoso a lo que encierra a través del lente de la cámara para luego desatarlo en el ojo del espectador. El resultado de ello es la identidad del film en la forma de un encanto terrorífico. Tan propio del director, de King y de Carrie, por supuesto.

Por Nicolás Ponisio

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