#OFF TOPIC. Dunkirk (Christopher Nolan, 2017)

★★★★★ (10/10)

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Alejándose de las tramas laberínticas y, en algunos casos demasiado pretenciosas, Christopher Nolan paradójicamente se acerca a un film honesto y muy sentido, el cual termina posicionándose como una de sus mejores producciones hasta la fecha. Si no se ahonda mucho en Dunkirk, de buenas a primeras podría ser catalogado como una historia bélica más sobre la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, el film resulta ser mucho más que eso y marca la diferencia de forma notable en relación a otros films y directores que abordaron dicho período histórico.

Por empezar, el enemigo alemán, como tal, mantiene únicamente una presencia tácita dentro de la historia. Porque lo que importa aquí es no darle rostro al otro bando o señalar en otra dirección el problema en cuestión -después de todo, los combatientes alemanes también son víctimas de la guerra-. Es por ello que el foco de atención está centrado principalmente en los soldados británicos atrapados en tierra francesa y quienes harán todo lo posible por ayudar en su evacuación.

Enmarcados dentro de tres líneas narrativas y áreas geográficas diferentes, Nolan no cuenta una historia bélica de soldados empoderados y triunfadores, que no hayan distinción entre sí y solamente son reconocibles a través de un uniforme. El director cuenta una historia de sobrevivientes, de los límites del esfuerzo humano y es por ello que el sufrimiento de estos personajes se ven reflejados de manera individual. Poniendo rostro a las víctimas del horror, dándoles un nombre y no un casco, mostrándolos como lo que son, humanos.

El desarrollo del film se maneja mayormente en una relación de trípticos. Un juego cronológico y espacial que diferencia a sus protagonistas en cuestión de sucesos mostrados en narrativas paralelas. Con una separación realizada por una semana, un día y una hora, el director se encarga de alternar sus historias en grupos de tres. Por un lado, en el muelle de Dunkirk se encuentra un trío de soldados, donde destaca principalmente Alex (Harry Styles), que aguardan ser rescatados mientras intentan subirse a bordo del buque de rescate o subsistir ocultos el tiempo suficiente.

En la segunda línea narrativa, a bordo de un bote se halla el señor Dawson (Mark Rylance), junto a su hijo Peter (Tom Glynn-Carney) y un amigo de su hijo, George (Barry Keoghan). Los tres conforman un grupo de rescate que, pese a tener armamentos o un bote lo suficientemente grande, arriesgan su vida al dirigirse a la costa francesa. Dentro de ésta línea, también se suma Cillian Murphy como un soldado en shock que funciona en conjunto con los rescatistas como dos aspectos de un mismo horror. Es así como Nolan aprovecha cada espacio del film, por más pequeño que sea, de manera inteligente para tener siempre en el centro de atención la valentía y el temor de estos hombres.

Por tercera y última línea narrativa, se encuentran los pilotos de avión. Una formación, en principio de tres jets pero que rápidamente pasan a ser solo dos, liderada de la mano de Tom Hardy como el piloto encargado de abrirse paso en el aire derribando a los aviones atacantes. Las proezas aeronáuticas y de dirección se entrelazan, dejando tras de sí una marca imborrable de excelencia cinematográfica. Si bien las tres historias principales contienen y despliegan el factor humano, así como también grandes momentos de batalla con un espíritu de clasicismo enorme, tal vez la tercera sea la que posee un menor arco argumental en lo que implica a los personajes. Sin embargo, lo que no tiene de trasfondo lo tiene de gran deleite visual y climático donde la edición de imagen y sonido se vuelve la verdadera protagonista.

Así es como Nolan adapta un hecho histórico, la batalla de Dunkirk desconocida para muchos, y ofrece una experiencia completa donde le brinda valor a la sensibilidad humana en tres ambientes diferentes: tierra, mar y aire. A lo largo de las menos de dos horas de duración, el director cubre los aspectos básicos de cualquier film bélico y los engrandece a pulsión climática todo el tiempo. Donde las vidas y el tiempo son igual de importante, remarcado una y otra vez por el leit motiv de Hans Zimmer que emula al compás de un reloj. El tiempo corre e importa. Los personajes corren e importan. Corren para escapar, para ayudar, para sobrevivir. Otro tríptico dentro del guión de Dunkirk, y la pasión de Nolan para contarlo, lejos de su característica frialdad. Imposible que fuera de otra forma, difícil no emocionarse con una historia de ganadores. Porque todos lo fueron, aquellos que ganaron la vida y aquellos que ganaron la muerte.

Por Nicolás Ponisio

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