#489. In the Heat of the Night (Norman Jewison, 1967)

 ★★★½ (7/10)

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“In The Heat of The Night” comienza con un soundtrack homónimo que nos sumerge en un mundo hostil: el small town norteamericano de los 60s, dominado por la discriminación racial.

Virgil Tibbs (interpretado magníficamente por Sidney Poitier) espera sentado en la desolada estación de tren de Sparta, un pequeño pueblo ficticio de Mississippi. Viste traje, lo que en este contexto resulta llamativo por ser considerado un atuendo de “hombre blanco”. La policía, naturalmente, lo toma como el primer sospechoso del crimen de un empresario, solamente por el hecho de ser negro y estar en la ciudad a altas horas de la noche, con dinero en sus bolsillos.

Pero la historia toma otra dirección cuando nos enteramos que Virgil es un policía de Filadelfia con un gran conocimento en medicina forense. Al ver la falta de profesionalismo de la policía local, la viuda del empresario presiona a las autoridades para que Virgil tome el caso. Las tensiones raciales van en aumento a medida que Virgil se acerca al culpable. Los buenos modales y profesionalismo de Tibbs golpean de lleno el orgullo de los pueblerinos, acostumbrados al trato despectivo contra los negros. Cuanto más cerca está Tibbs de dar con el culpable, más cerca está también de sufrir agresiones por parte de los locales, en un imparable espiral de violencia. El resto del argumento se desenvuelve en clave policial: ¿podrá Virgil Tibbs resolver el misterio para demostrarle a los orgullosos blancos lo equivocados que están?

Lo más destacable de la película resulta ser la ambientación espacio-temporal. En un contexto en el que ya se habían promulgado leyes nacionales contra la discriminación racial, la historia se sitúa en un pueblo que aún no ha tomado nota de tales acontecimientos. Este elemento resulta crucial porque evidencia las contradicciones sociales mediante una ficción, pero a la vez apelando a la situación real de la época.

A pesar de ciertos lugares comunes en cuanto a las caracterizaciones y situaciones, la trama mantiene el interés debido a los rápidos avances de Tibbs en relación a la investigación.

Resulta interesante observar el desarrollo en la relación de Tibbs con Gillespie (Rod Steiger), el jefe de policía local. En un primer momento, Gillespie escupe su odio racial contra Virgil, pero la superioridad intelectual y profesional de Virgil logran que Gillespie reconsidere su soberbia actitud.

Al final, todo parece recomponerse. Virgil toma el tren hacia Filadelfia, con otro crimen resuelto sobre sus hombros, y Gillespie lo despide amablemente. Pero el odio racial se mantiene intacto en el pequeño pueblo estadounidense. El tren parte, la cámara sobrevuela el pueblo y la música sigue sonando.

Por Hernán Touzón

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