#886. Caro Diario (Nanni Moretti, 1993)

★★★½ (7/10)

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A medio camino entre el documental y la ficción, y entre el drama y la comedia, Caro Diario nos propone un acercamiento a la vida contemporánea italiana. Con un estilo de narración equiparable al de varias películas de Woody Allen, donde converge la figura de director y actor, la cámara sigue a Nanni Moretti en su afán por ordenar retazos de vida que buscan dar forma a su próxima película.

El relato se estructura en tres actos de igual metraje en donde coexisten situaciones absurdas y cómicas y momentos de reflexión e introspección en partes iguales.

En el primer episodio, titulado “Vespa”, en alusión a las motocicletas italianas, asistimos a un recorrido audiovisual íntimo en el cual el director/actor pasea con su moto por las calles de una Roma fantasmagórica (sin gente en las calles por tratarse del mes de vacaciones de verano), en el cual el foco está puesto en los distintos barrios de la ciudad y sus peculiaridades. En el corolario de este episodio, la voz en off de Moretti desaparece y da lugar a uno de los momentos más altos de la película: recorremos la zona en donde Pasolini fue asesinado, mientras la música y las imágenes se acompañan mutuamente, generando un clima imposible de describir con palabras.

En el segundo episodio, Moretti visita a un amigo dedicado al estudio de la obra maestra de Joyce, ¨Ulises¨. La búsqueda de tranquilidad para el trabajo resulta la excusa perfecta para que ambos amigos recorran distintas islas italianas. La paradoja es que la vida en las islas resulta estrafalaria por donde se la mire: en una isla mandan los hijos únicos, pequeños mimados, que acaparan toda la atención y dedicación de sus sometidos padres, llevando esta situación a niveles extremadamente absurdos; en otra, la paz y tranquilidad son tan frecuentes que hasta el amigo intelectual de Moretti sale corriendo en busca de una televisión.

Es en el tercer y último episodio en el cual se borran definitivamente los límites entre ficción y documental, cuando el director agrega tomas reales de su tratamiento contra el cáncer, orientando aún más la narración hacia su propia intimidad. De todas maneras, antes que optar por un registro dramático, la obra mantiene la apuesta doble, situada entre el drama y la comedia.

Se podría argumentar que Moretti está mas interesado en evidenciar las contradicciones y la falta de sentido de la vida contemporánea, antes que narrar eventos de manera convencional con el objetivo de contar una historia. Moretti evidencia la capacidad de cada individuo de construir sus propios relatos. La película expone esa misma construcción en forma de diario íntimo audiovisual.

Por Hernán Touzón

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