★★★½ (7/10)

Criando el absurdo. Con su segundo film, los hermanos Coen se sumergían por vez primera dentro de la absoluta comedia, originando un tono visual dentro del género que, hoy en día, es reconocido como propio de estos cineastas. Raising Arizona desborda de delirio caricaturesco, lo que conforma la completa estructura del film. Desde lo visual, pasando por las actuaciones y el ritmo narrativo para contar una avalancha caótica de gags y conflictos, unos tras otros.

Entre tantos vericuetos excéntricos, que están siempre al borde de perder todo indicio de elemento realista –algo que se acrecienta gracias a la fotografía de Barry Sonnenfeld, director de The Addams Family y MIB-, el vínculo empático se forja de todas formas a través de la relación romántica de los protagonistas. H.I. (Nicolas Cage), un asaltante, y Ed (Holly Hunter), una oficial de policía, se conocen y enamoran a medida que H.I. entra y sale de condena en condena. Tras casarse, ambos ya retirados de sus respectivos oficios, asumirán el siguiente paso del sueño americano: ser padres. Claro está que, debido a que Ed es estéril y con el prontuario H.I., la opción más lógica en este mundo sin sentido es robar un bebé a unos padres que tienen hijos de sobra.

Es muy interesante la manera en que los Coen humanizan a estos personajes, los cuales tranquilamente podrían caer estrepitosamente al balancearse continuamente entre actos criminales y el proceder en la vida cual Looney Tunes. Sin embargo, conservando continuamente el humor, es la tristeza de esta pareja que se ama tanto y su necesidad por ser padres, por amar a otro, lo que acciona a la historia y a uno como espectador para embarcarse con ellos en esta misión. Y si bien la ironía presente trata burlonamente a estos personajes, y a quienes los rodean, no resulta caprichosa ninguna de las elecciones a la hora de integrar un gag. Sino que deposita el punto de atención en los temas a tratar, como puede ser la crianza de un hijo, la crisis y los miedos  a la hora de madurar y entender lo que implica el cuidado de una vida y la constante lucha entre hacer lo correcto o sucumbir ante las equivocaciones del pasado.

Incluso cada personaje, por más pequeña que sea su aparición, ocupan su lugar como representación de quienes son por medio de la maternidad/paternidad. La desesperación de los Arizona, los padres a los que les fue quitado uno de sus hijos, el jefe de H.I. y su mujer como padres sin ningún interés por criar adecuadamente a sus hiperquinéticos niños, o Smalls (Randall “Tex” Cobb), el villano motociclista que con toda su furia desatada persigue a los protagonistas. Este personaje, por completo estereotipado, deja ver en su hombro un calavérico tatuaje que anuncia: “Mamá no me amó”. Con una simple idea de detalle, los directores nos construyen sin perder tiempo el trasfondo de un personaje como esté y a continuación se permiten seguir integrando más humor a todo elemento narrativo que presenten.

Lo que en apariencia podría verse como una comedia burda sin mucho para decir, resulta resolver con elegancia cada aspecto que conforma a la historia, cumpliendo tanto con el subtexto narrativo como con la dosis de entretenimiento efectista. Lo cual en los Coen tampoco es decir poco, ya que en en este caso terminan regalando una larga secuencia de acción y humor que es un deleite en cuanto a su realización técnica y la experiencia visual ofrecida. Tan necesario como el hecho de que un gag precisa ser premiado con la risa de su público, el amante del cine precisa de los Coen. Criándolo y educándolo con su arte.

Por Nicolás Ponisio

Categories: 1001 Películas

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *