#919. Mononoke Hime / Princess Mononoke (Hayao Miyazaki, 1997)

★★★★★ (10/10)

28491b8e053ba5ba13b58b9120ed6b34.jpg

El cine de Miyazaki siempre ha sido un vehículo para expresar una inmensa cantidad de amor, respeto y sabiduría, además del experto uso de la animación. Motivo más que suficiente para maravillarse, claro está. Sin embargo, no hay film como Mononoke Hime que reúna y exprese de mejor manera todos los intereses y conocimientos del director. El film de 1997 desprende de sí mismo un virtuosismo constante de la imagen y el relato en el que destaca principalmente su pureza. En definitiva, ni más ni menos que el enorme corazón de la historia.

Mononoke Hime es una carta de amor a la naturaleza, a la mujer -presentada dentro de una utopía matriarcal-, a la belleza y la condición humana, abordando su completo panorama con los aciertos y errores que les son propios. Pero más allá de lo que indique el título del film, la historia se encuentra centrada en Ashitaka (Yōji Matsuda), un príncipe con una personalidad marcada por la bondad y el honor. Con un comienzo increíble plagado de hermosura visual y tensión dramática llena de acción, el director captura rápidamente la esencia del personaje, logrando que se lo quiera al poco tiempo de haberlo conocido. Pasa con el protagonista, pasa con el film.

Esas mismas virtudes que destacan en el carácter de Ashitaka, encuentran su reflejo en San (Yuriko Ishida), la princesa Mononoke en cuestión. La igualdad entre lo humano y lo espiritual haya su comunión en los protagonistas quienes, si bien se encuentran en bandos separados, luchan por la misma causa: la protección de la vida natural. La principal declaración de principios del director plagada de un subtexto real dentro del marco de la pura fantasía. La historia no escatima ni en belleza ni crudeza, ya que el despliegue que hace el relato es de una sinceridad absoluta a través de la cual Miyazaki habla directamente con el espectador. Esto termina aportando una extensa y variante sucesión de lecciones, todas ellas ligadas entre sí por la sabiduría y la profundidad con las que son transmitidas.

El constante aprendizaje es parte del trayecto que la aventura de Miyazaki propone. Así como el film se encuentra plagado de una ternura embriagante, también lo hace indagando y entendiendo la oscuridad dentro de todo ser vivo. Sea ésta en la forma de un cerdo conformado por la podredumbre o el brazo con vida propia de Ashitaki que es controlado por el odio. De ese resentimiento, de esa incapacidad de apreciar lo bello, están infestadas las acciones más aberrantes que los personajes, la humanidad y por ende nosotros, terminan cometiendo y destruyendo todo atisbo de belleza y bondad.

Es en esos momentos es donde se acude como respiro a lo espiritual y la hermosura que invade los bosques. Allí prevalece el encanto imaginativo en toda su expresión con la majestuosidad del gigantesco dios lobo Moro (Akihiro Miwa), los verdosos paisajes en los que habita el espíritu del bosque o la presencia de los kodamas, los hermosos y cómicos espíritus de los árboles. Con todo ello, el film no solo es una completa obra de arte sino también un regalo divino del director para nosotros, los meros mortales que debemos aprender de él.

Mononoke Hime es un sentido abrazo de dos horas que cala hondo en nuestro ser y el cual no queremos que nos suelte. El apreciar semejante obra maestra nos deposita en territorio seguro de cualquier putrefacción odiosa. Y de no ser así, mejor observar con cuidado el estado de nuestro brazo.

Por Nicolás Ponisio

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s