#1024. Toy Story 2 (John Lasseter, Lee Unkrich, Ash Brannon, 1999)

★★★★ (8/10)

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El paso del tiempo y cómo se atraviesan las distintas etapas de éste es parte de la temática principal que ha atravesado cada una de las entregas de Toy Story. Dejando atrás la problemática entre lo clásico y lo contemporáneo, la segunda parte de la saga animada se atreve a ir un poco más allá. Lo cual permite que Toy Story 2 sea una de las mejores secuelas de la historia del cine, tal vez solo hecha a un lado por su excelente tercera parte.

Repitiendo la fórmula de un juguete perdido que debe ser rescatado, en esta ocasión Woody (Tom Hanks), el film innova la trama insertando a los personajes en el factor dramático de ser olvidados por su dueño. Los chicos crecen y dejan de jugar, más pronto todavía con aquellos juguetes dañados (y en más de un sentido). Es así que se lo vincula a Woody con una nueva serie de personajes que, al igual que él, son conscientes y víctimas del peligro de ser olvidados.

Mientras que una parte de la trama se desarrolla en la profundidad dramática, aunque sin nunca olvidar del todo la comedia, es el grupo de amigos liderado por Buzz (Tim Allen) el que aporta la mayor dosis de comicidad y aventura al relato. Los peligros y gags que deben afrontar se desarrollan en mayor escala utilizando un recurso al mejor estilo Querida, encogí a los niños. Esto es embarcar a los juguetes dentro de la cotidianeidad citadina, lo que hace que cualquier tarea simple para un mero humano, como lo es cruzar la calle o ingresar a un edificio, sea toda una odisea para los pequeños personajes de plástico. Es así como la originalidad, y las referencias cinematográficas, está siempre en pantalla y de manera creciente.

Sin embargo, detrás de ese equilibrio que permite un entretenimiento para todas las edades (esta experiencia de juego no excluye a nadie), es de más interesante cómo el centrar la historia en el punto de vista de los juguetes permite dar forma a una gran alegoría acerca de la vejez, la amistad y esa necesidad vital de recuperar el amor recibido. Una descripción profunda y veraz que habla y reflexiona de nosotros, el público, como individuos y el lugar que ocupamos en esta gran juguetería que es la vida.

La creatividad inmensa que se haya detrás de la elaboración del guión, sin mencionar todo lo que tiene que ver con la calidad de animación siempre en estado de superarse a sí misma, no se esconde detrás de una máscara de entretenimiento infantil. Sino que lo que hace es apuntar desde el corazón de sus artistas directo al del espectador. Una nostalgia que retrotrae a esa época en que la imaginación permitía crear un mundo de historias protagonizadas por los juguetes, pero que aquí también funciona en pos de situarlo a uno en el presente y valorarlo como tal. Toy Story 2 termina brindando la oportunidad de volver a ser niños pero con la inteligencia suficiente para entender lo que fuimos, lo que somos y lo que podemos volver a ser. Todo gracias a la gran casa de ideas del ratón y la lámpara de luz.

Por Nicolás Ponisio

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