#1152. Whiplash (Damien Chazelle, 2014)

★★★★ (8/10)

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Los jóvenes necesitan un padre secundario que termine de educarlos. Dejando de lado a su padre biológico, necesitan un sustito, tradicionalmente un clérigo, un entrenador o un oficial militar. Este pensamiento, perteneciente a Joseph Campbell, entra a la perfección en esa relación de amor odio/Temor admiración/Respeto y abuso, nacida entre Andrew Neiman (Miles Teller) y Terence Fletcher (J.K. Simmons).

Ya que el padre de Andrew es una figura presente pero lejos de comprender la pasión y el mérito que conlleva ser parte del conservatorio Shaffer, esa falta de apoyo y empuje solo puede ser reemplazada por la imponente presencia del director de orquesta. Retomando la mirada de Campbell, el método pedagógico de Fletcher se asemeja al de un oficial militar, dispuesto a denigrar y abusar física y psicológicamente a sus alumnos con el fin de sacar lo mejor de ellos, cueste lo que cueste.

En este punto entra en juego la manera de narrar, o mejor dicho de orquestar al film para que toda la extenuante experiencia resuene en todo aspecto cinematográfico. Esto quiere decir que tanto en el aspecto visual, sonoro e interpretativo, la avalancha de golpes a recibir por parte de Fletcher se extienden hasta al espectador. Damien Chazelle se centra puntualmente en los detalles, los planos siempre cercanos acrecientan la experiencia vivida por el protagonista al compás de la música y el montaje. Instrumentos, manos y pisadas se relacionan dentro de la composición de los planos detalles, dejando ver, oír y sentir el nerviosismo y el talento a la vez. Pero sobre todo la presión constante que agobia a Neiman y al público por igual.

Si bien hay una exageración interpretativa en el constante abuso del docente, la misma no pierde realismo en cuanto a causa y efecto que produce en la trama. Todo lo contrario, dota al film de una columna vertebral similar a la que puede poseer una historia bélica o de boxeo. Un drama donde a prueba y error se conforma el entrenamiento del héroe. Es entonces el aspecto exagerado lo que permite que haya un nerviosismo latente y en aumento en una vorágine de placer audiovisual. Un uso y despliegue del talento y el tempo digno de admiración. Un trabajo de Chazelle digno de ser admirado por Fletcher… no sin antes recibir uno de los delicados insultos de su propia creación.

Por Nicolás Ponisio

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