#744. Aliens (James Cameron, 1986)

★★★½ (7/10)

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El instinto maternal, la fuerza de unión entre madre e hijo como fuerza de combate, de protección es siempre muy interesante de ver cómo es trabajada en el terreno cinematográfico. Ahora, trasladar ese conflicto a un plano de ciencia ficción, envuelto entre planetas, naves espaciales y violentos xenomorfos puede resultar en algo mucho más interesante. En Aliens, el director James Cameron traslada la base de un drama típico dentro del género sci fi y de acción para que encaje perfectamente en el mundo creado en 1979 por Dan O’Bannon y Ronald Shusett.

Pero también lo hace para conformar un paralelismo entre el instinto salvaje y maternal, aquí casi sin diferenciarse uno del otro, que representa a la oficial Ripley (Sigourney Weaver) y a la reina de la colmena de criaturas, la madre de los aliens. Como si se tratase de una suerte de prototipo de lo que haría luego el director con el personaje de Sarah Connor en la segunda parte de Terminator, el personaje de Ripley se vuelve más brutal a la hora de relacionarse tanto contra las terroríficas criaturas como con los humanos que la rodean. Al mismo tiempo, Newt (Carrie Henn) es al igual que Ripley una víctima sin lugar en el mundo. La madurez alcanzada por ambos personajes como seres extraños entre la multitud, alienígenas también en su propia forma, los dota de una carga dramática que funciona en pos de afianzar con naturalidad esa relación de madre/hija que puede suplir la necesidad sentimental.

Si bien esa relación protagónica y la forma en que el director maneja los sucesos previos como buen disparador del trauma por el que pasan los personajes es de lo mejor del film, es en parte también el cambio de tono y el abuso de estereotipos los que hacen que Aliens recaiga en lugares comunes y poco atractivos de visitar. El factor de terror del que gozaba la primera parte se ve diluido para dar lugar al género de acción más puro y con ello una serie de personajes (soldados del ejército estadounidense) sin profundidad ni carisma alguno, lo cual delata su intención de ser simplemente carne de cañón para el ataque enemigo. Los únicos que llegan a destacarse son el soldado Hicks (Michael Biehn) y el androide Bishop (Lance Henriksen) y más que nada por una cuestión de actuación que de personajes en sí.

El exceso de chistes, los personajes estereotipados y las situaciones típicamente bélicas acartonan de más un film que se revela como artificial. El factor de horror se presenta brevemente en secuencias como las del primer ataque de los xenomorfos camuflados en las paredes o en todo el ataque final entre Ripley y la madre en un escenario industrial al mejor estilo Cameron. Esto ayuda a elevar un poco más al film del lugar común en el que le resultó cómodo posicionarse, pero lo cierto es que ni todo el amor de una madre puede rescatar entero a la criatura cinematográfica del director.  Madre hay una sola… y esa es la primera Alien.

Por Nicolás Ponisio

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