#790. Die Hard (John McTiernan, 1988)

★★★★ (8/10)

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John McClane (Bruce Willis) representa un ícono heroico del cine de acción. Tal vez el último gran héroe de acción que la pantalla nos ha regalado en su máxima expresión gracias a otro John, McTiernan el director del film. Die Hard se construye y mueve dentro de un edificio empresarial que es descrito a medida que el héroe de turno precisa volverse uno con sus instalaciones. Es esa simbiosis entre protagonista y lugar lo que logra describirse en pantalla como un tour de buen ritmo y hermosas secuencias de acción, que logra escapar en parte a las formularias películas del género.

La forma de eliminar a los villanos y poder escapar del edificio reside en ir escalando paulatinamente piso tras piso hasta llegar al nivel más alto, lo que sucede como regla del guión también se traslada al ritmo in crescendo con el cual el director no pierde de vista en ningún momento la buena narrativa ni el cuidadoso detalle destructivo de esta historia bélica dentro de paneles de oficinas. El carisma es un factor importante para meterse de lleno en una historia con reglas básicas a aceptar para comprar la verosimilitud del relato. Sabiendo esto, se da forma a dos antagonistas con talento y personalidades totalmente disfrutables de ver en pantalla. El falso terrorista Hans Gruber (Alan Rickman), con un estilo refinado merecedor de recibir respeto obtiene el tono justo intermedio entre lo intimidante y lo atractivo que todo vil demonio debe poseer como presencia.

El film pareciera querer hacernos creer que la banda de criminales son terroristas, que su interés detrás de la historia supone un ataque al punto máximo del capitalismo -allí se sitúa la trama, en plena víspera de Navidad- y en realidad lo que maneja es un tono camaleónico al igual que McClane lo hace con los distintos niveles del edificio (descendiendo por un hueco de ascensor solo sosteniéndose de la tira de su ametralladora, arrastrándose bajo una laberíntica mesa para evitar disparos, también dentro de un sofocante ducto de ventilación o arrojándose a grandes alturas con una manguera de incendios). La ley como representación por si sola de la justicia no significa nada, la inoperancia de operadores, altos mandos y el mismísimo FBI lo demuestran claramente en el film. Por ende, la justicia se ve representada a través de un hombre solo, un oficial de civil que, sin su uniforme, se entre mezcla en un ambiente hostil.

Die hard puede gozar de distintas lecturas,  sociales y políticas, pero a fin de cuentas la intención máxima es la de entretener narrando una historia que merece ser contada y reinventando en parte un estilo de heroísmo que las generaciones siguiente continuarían explotando erróneamente hasta el día de hoy. El leitmotiv musical del film es la oda a alegría de Beethoven, un claro mensaje de lo que el director se propone y termina logrando. Y esa intención del film sí que no intenta camuflarse de nada.

Por Nicolás Ponisio

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