#1198. Arrival (Denis Villeneuve, 2016)

★★★★½ (9/10)

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A través de la importancia de la semiótica aterriza en las salas Arrival, el nuevo film del canadiense Denis Villeneuve. La lectura de símbolos y el entendimiento del lenguaje, el poder comunicarse, es la piedra angular (o cascarón) de la historia. Con ello no solo acompañamos a la lingüista Louise Banks (Amy Adams) para comprender las intenciones de seres de otro planeta, sino que también decodifica los elementos del film para lograr entenderlo a través del lenguaje visual y por último, pero no menos importante, para entendernos nosotros mismos como individuos.

Lo que podría pecar de pretensioso y de poseer una frialdad intelectual escapa a ello gracias a una narrativa que no resulta intrincada -y en realidad lo es, lo cual muestra méritos del director para la narración- sino que se desprende con la cadencia de toda experiencia directa que se puede tener con estos alienígenas. Claramente uno como espectador sigue los pasos de la doctora Banks, y por momentos los ocupa. Pero es la unión entre la comprensión de Banks del lenguaje alienígena y la decodificación del espectador por parte de la narrativa visual donde el entendimiento deja de ser algo meramente intelectual y se convierte en conexión directa con los sentimientos. Interpretación sensorial totalmente humana, aunque eso no significa que pertenezca únicamente a quienes poblamos la Tierra.

El punto de unión no rechaza la mirada científica representada principalmente por el físico Ian Donnelly (Jeremy Renner), sino que la abraza para que los diversos elementos individuales sean en conjunto un lenguaje poderoso y universal, de ahí que resulte tan admirable y emocionante el resultado final transmitido a todos en la forma de puro cine, el arte por excelencia creador de lenguaje que unifica al resto de componentes artísticos. Los climas nacidos de la banda sonora y la puesta estética se conforman entre el misterio y el asombro ante lo que se está viendo. El interior de la nave extraterrestre y la forma en que se decide mostrarlo, todo a través de la mirada asombrada de Banks y por ende también la nuestra, es de las experiencias más sorprendentes que la ciencia ficción haya ofrecido en años.

El cascarón espacial tiene un cercano parentesco al famoso monolito de 2001 de Stanley Kubrick. Al igual que su predecesor, es un ícono de misterio, veneración e interpretación. El cine siempre ha sido reflejo y lectura de nuestra sociedad y nuestro paso por este planeta, el cascarón también lo es como búsqueda en las estrellas de nuestra propia percepción de mundo. Como ocurre también con ciertos films, no todos están dispuestos a profundizar y animarse a realizar una lectura a fondo de los que estos excelentes seres superiores nos quieren o pueden decir de nosotros mismos. Y no, no me estoy refiriendo a los extraterrestres sino a los grandes directores de la historia del cine. Preparados o no, Villeneuve ya ocupa su lugar privilegiado entre ellos, al menos en la estimación de quien escribe. Con un film sincero, cercano y complejo pero no por ello incomprensible, se ha vuelto a resignificar el cine de ciencia ficción.

Por Nicolás Ponisio

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