#894. Clueless (Amy Heckerling, 1995)

★★★½ (7/10)

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La directora Amy Heckerling había logrado llamar la atención, junto a la pluma de Cameron Crowe,  gracias al film Fast Times at Ridgemont High. Allí había logrado trasladar a la perfección los tempranos años de juventud y la revolución de hormonas con una dosis equitativa de humor y drama. Tras una década y un puñado de años más tarde, volvería al mundo de las secundarias y los conflictos adolescentes con un film más centrado en la comicidad como lo es Clueless. Con un desarrollo no tan consistente como el de su ópera prima pero igual de vital y efectivo como lo fue su trabajo previo, así como también lo son los distintos personajes que deambulan entre pasillos de escuela y locales de shoppings.

La vorágine de colores llamativos y el comportamiento extrovertido de Cher (Alicia Silverstone) y su séquito de amigas/minions conformado por Dionne (Stacey Dash) y Tai (Brittany Murphy) dan lugar en la pantalla a una empatía burlona que hace que nos riamos y queramos a estas chicas sin muchas cosas en la cabeza más que estar a la moda y conseguir un novio sexy. Algo que no es tan fácil de lograr como parece ya que la reacción más lógica sería alejarnos o indignarnos ante estas chicas millonarias, madres fundadoras cinematográficas de las plásticas de Mean Girls o las más recientes Chanels de Scream Queens (aunque estas últimas serían más bien hijas de las Heathers del film del mismo nombre).

En ese mundo de ostentosidad de adolescentes de Beverly Hills la directora lleva la puesta y los actos al constante absurdo, a la exageración de cada aspecto que lo vuelve un videoclip noventoso o una publicidad de muñecas barbies donde uno puede acercarse a cada personaje y aprenderlo a querer para luego desear llevárselos a casa consigo. La (re)utilización de ciertos estereotipos vuelve a funcionar, como por ejemplo ocurre con el simpático drogadicto (antes el Spicoli de Sean Penn, ahora el Travis de Breckin Meyer), pero es la forma en que la protagonista es descrita a través de su postura egoísta y poco pensante junto a su intención de cambio lo que vuelve interesante y no solo cómica su interacción con el mundo que la rodea.

Desafortunadamente, algunos eventos aislados son culpables de una narración por momentos algo torpe, que tiene dificultades por desenvolverse o llegar a su resolución. A la vez, cuando logra hacer madurar ciertas actitudes de las protagonistas, específicamente las de Cher y Tai que permiten tomar las decisiones definitivas para el cierre, lo hace de una manera apresurada. Como quien quiere hacer todo en cuestión de pocos minutos, aprovechando el tiempo antes desperdiciado. Estos conflictos, o mejor dicho caprichos al mejor estilo de los personajes femeninos, evitan el desarrollo adecuado para la gran comedia que es. El potencial reside en cada aspecto del film y es utilizado pero no en su máxima expresión.

Heckerling es una realizadora con muchas ideas, al contrario de lo que indicaría la traducción del título del film. Y si bien en la cabeza de quien la ve se puede imaginar los defectos a corregir, como si fuéramos Cher queriendo embellecer a Tai, son el humor,  la frescura y los temas a tratar los que están allí presentes para demostrar que no hay por qué corregir su aspecto. Quizás su presencia no sea a tiempo completo (¿quién no se rateó del colegio?) pero sí en las dosis y el carisma necesario para tener realmente idea del buen entretenimiento ante el cual estamos.

Por Nicolas Ponisio

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