#1106. Monsters (Gareth Edwards, 2010)

★★★★ (8/10)

monsters_2010_samantha_andrew

El monstruo del film de Gareth Edwards no es otro que su propio director. Un monstruo colosal a la hora de llevar a cabo hermosamente su obra. Un ser luminoso que cautiva con un viaje a lo más profundo de la intimidad (personal y visual). Monsters no es un film sobre monstruos, sino sobre la belleza que estos dejan tras su estremecido paso. El recorrido que emprende el fotógrafo periodístico Kaulder (Scoot McNairy) para trasladar a Sam (Whitney Able) por medio de México hacia la frontera estadounidense en medio de una zona habitada por criaturas extraterrestres logra captar, como pocas veces se ha hecho, momentos mágicos en contexto de peligro.

El film maneja un elevado nivel de cercanía e intimidad entre los personajes principales posicionando la mirada en los lazos y la hermosura que se hace presente incluso en tiempos de peligro y desesperación. Sentimientos que los más fríos pueden rechazar o que los temerosos eviten acercarse se transmiten a flor de piel entre miedos, risas y la aventura de un viaje inesperado. Un viaje que transgrede territorios y especies, de este u otros planetas, al conectarse con lo más intrínseco y espiritual de los viajeros que se arriesgan a todo con tal de encontrarse. El viaje se realiza captando pequeños instantes dentro de festividades, conversaciones  en una ciudad iluminada, miradas de encanto y horror en territorios derruidos por la salvajez humana y construcciones arcaicas (pirámides aztecas) enfrentadas a construcciones separatistas (el muro fronterizo entre Estados Unidos y México) observándose la una a la otra.

Edwards, captador de instantes, hace brillar a través de la cámara esa belleza mágica siempre presente día a día pero pocas veces tenida en cuenta. Algo también monstruoso en el peor de los sentidos. La incomprensión por el dejarse llevar, por la incapacidad de poder ser parte de esa belleza presente es la que atrae al mismo tiempo lo más horrible de un mundo hermoso. Kaulder y Sam se hallan, se acompañan y entienden entre sí atestiguando, a veces de forma consciente y otras no, la espontaneidad en la relación. La seducción nacida de la identidad visual que atrapa y envuelve a los personajes. La ley de rendimiento decreciente, que se aplica y se ve regida por lo cotidiano y el desgaste que va sufriendo una pareja en su relación y por ende una pérdida irrefrenable de la atracción inicial, no encuentra lugar de existencia entre todo el despliegue visual y seductor que compone a la pareja protagónica.

Monsters es una ópera prima que se vuelve gigantesca ante su sencillez. El director no está cercanamente interesado de caer en los lugares típicos del cine catástrofe o de ciencia ficción. Sino que se hace de esta “invasión” alienígena solamente para eliminar las barreras (o muros) que suelen impedir que la mirada se deslumbre con lo que hay detrás de ellas. El film seduce y finalmente enamora con sus pequeñas grandes intenciones y el uso que hace de ellas para la magia y el romance sea posible a primera vista. Un film monstruoso como pocos que parece salido de otro planeta.

Por Nicolás Ponisio

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s