★★★★ (8/10)

Como buen fundador de la nueva comedia americana junto a Judd Apatow, el director Paul Feig hace uso del vínculo de amistad y la improvisación para elaborar una comedia tanto clásica como incorrecta. Las seis mujeres protagonistas de Braidesmaids, de las cuales la atención está puesta específicamente en tres de ellas, recrean en parte la comedia femenina haciéndola funcionar con la química generada entre ellas.

Annie (Kristen Wiig) se encuentra en sus treintas sin una pareja estable, trabajando en un empleo no deseado y, para colmo, será la dama de honor en el casamiento de su mejor amiga Lillian. (Maya Rudolph). El conjunto de todo eso la hará alcanzar límites de estrés lidiando con la planeación y su crisis ante el éxito amoroso de su amiga y los celos despertados por Helen (Rose Byrne), otra de las damas de honor y nueva mejor amiga de la novia. Sin mucho honor de por medio, el grupo de mujeres entrará en conflicto entre discursos ceremoniales, degustación de comida o una prueba de vestidos devenida en gran escena del humor escatológico poniendo en un mismo plano la sofisticación femenina con el humor más burdo acompañado por deshechos corporales.

Feig sabe cómo manejar los tiempos logrando que, pese a ciertos estereotipos y lugares comunes del género, los personajes resulten ser interesantes teniendo lugar para construirlos y no dejarlos meramente a la deriva de los gags. El abuso del humor quizás se haga presente en algunas escenas donde se deja ver la improvisación por parte de las actrices. Sin embargo, el talento de estas genias del humor del nuevo milenio les permite divertirse entre ellas, sin volverse cansino como muchas veces ocurre, y por ende divertir también al público.

Momentos como la extensa secuencia a bordo de un avión se nutre de la comicidad y de cómo lo ocurrido afecta los eventos del film. La cadencia humorística permite que la escena no pierda su cometido en su larga duración. Dentro de un escenario tan pequeño todo el grupo femenino logra tener su momento protagónico incluyendo un desliz catártico entre Rita y Becca (Wendi McLendon-Covey y Ellie Kemper) y la gracia verborrágica y física de Megan (Melissa McCarthy).

Bridesmaids termina logrando un nuevo quiebre en la comedia establecida, que más tarde se vería reiteradas veces con menor éxito, y en el lugar de la mujer en el género. Pero por sobre todas las cosas logra tomar los arquetipos y lugares comunes para reconstruirlos a través del vínculo y el talento que une a estas mujeres (y a su director) fuera y dentro de la pantalla. Feig brinda un film digno de ser la comedia de honor de este género. Una con la cual se merece renovar los votos con gusto.

Por Nicolás Ponisio

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *