#1120. The Girl with the Dragon Tattoo (David Fincher, 2011)

★★★★ (8/10)

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Cuando vi por primera vez la película de la saga Millenium: Män som hatar kvinno, protagonizada por Noomi Rapace pensé algo como: “Excepto por el hecho de que hablan sueco, por un momento  pensé que se trataba de una película super genérica norteamericana. Una especie de  Deja-vú de Se7en, y varías más de ese estilo”, quien diría que el director de Se7en terminaría dirigiendo la remake. Sin embargo resulta todo tan pertinente que asusta. La historia de Los hombres que no amaban a las mujeres es Fincher puro y duro. El director logró apropiarse de una historia que ya estaba hecha y mejorarla con su labor. Demostrando que no necesita ser socialmente aceptable y que puede ser oscuro y retorcido, a su manera, sin perder el estilo, un tanto intelectual y alejado, que le es propio.

El film sueco era demasiado silencioso y los personajes eran planos en el sentido de que el personaje de Lisbeth sólo representaba una cosa: una extensión del típico pensamiento masculino machista de una mujer “resentida” y “vengativa” que odia a los hombres. Es cierto que motivos para odiar no le falta a la protagonista, el autor Stieg Larsson se encargó de darle todos los motivos, pero acompáñenme en este recorrido mental. Quizás cruzarme con bastantes detractores que portaban la bandera de “Todas las remakes son terribles” hiciera que este film me gustara. Fincher le sacó toda molestia que el film anterior generaba y (paradoja o ironía) lo cubrió con capas de actores lindos y brillantes que relucen comparados a esos suecos lejanos que no decían mucho.

El director tiene la pretensión en todos sus films, casi patológica, de intentar develar los oscuros rincones de la mente humana. Buena parte del tiempo del film se dedica a taparlos con gente aburguesada con casas hiper modernas y aires solemnes para ser considerado por la crítica. Sin embargo es reflexión de quien escribe que no necesita intentar ser Haneke, necesita hundirse en el género más descarnado y trash sin buscarle demasiada rosca “intelectual”. Fincher necesita volver a Fight Club y Se7en y dejar que Trent Reznor haga la banda sonora. Y eso parece ser lo que aprendió con The Girl with the Dragon Tattoo.

Rooney Mara, quien merecía el Oscar por su interpretación, demuestra que es una chica que sabe actuar y pasar de ser la novia de Mark (Jesse Eisenberg) en The Social Network a convertirse en toda una guerrera con Mohawk incluido. Daniel Craig es demasiado hermoso y propicio para generar mecanismos de identificación, no se parece al periodista de la sueca, en cambio, hace creer que se está ante una película Bond “a la Fincher”. Mientras que Stellan Skarsgård, con música de Enya de fondo, se transforma en uno de los psicópatas más memorables del director. Directamente en la vereda opuesta de Tyler Durden con una supuesta “normalidad” y vida en sociedad que lo hace más temible. Rasgos que retomará para Rosamund Pike en Gone Girl (2014).

El cover de Karen O de “Inmigrant Song” de Zeppelin que musicaliza los fantásticos títulos de apertura creados por Blur Studio es fabuloso; sobre todo para introducir de un modo conceptual a la psicología de los personajes de Lisbeth y Mikael. Son negros, completamente oscuros y surrealistas, como escapados de la pesadilla de alguien. Es dramáticamente brillante ver como ese cover  articula con los títulos y el film. Desde ese comienzo, es un film sobre musicalizado de forma positiva. Da cuenta de que la versión sueca es abundante en silencios y que por suerte esta no. Sin música serían dos horas y media de actores interpretando a suecos resentidos. De hecho alguien escribió: “hasta las búsquedas en Internet no son aburridas” y eso  es básicamente porque todas las secuencias están llenas de música electrónica (de la buena).

El film posee dos momentos a destacar, uno de ellos es la llegada de Mikael Blomkvist (Daniel Craig)  a la casa en la isla. En ese momento se puede notar que Trent Reznor y Atticus Ross se convirtieron en el equivalente de lo que fue Penderecki para Kubrick en The Shining (1980), un film que sin las atmósferas atípicas y anormales que genera la música sería otro relato más de una casa colorida, un padre medio loco y un pasado sangriento. El segundo momento es la perfecta ironía (infaltable en el cineasta) de la escena final con Lisbeth y su regalo para Mikael antes de los créditos: quizás sea una de las cosas más dulcificadas que jamás se haya escuchado componer a Reznor y hace que el contraste y la ironía de Mikael saliendo con su ex sean algo graciosas, y al mismo tiempo, terribles por la soledad del personaje de Lisbeth. Pero he de optar por graciosa, porque en la Sueca no había posibilidad de (son)reír ni un solo momento y con esta versión sí. Aunque entra en duda si, como espectador, está bien que te (son)rías… En otras palabras: Fincher poniendo a sus espectadores en una situación moralmente complicada desde el inicio de los tiempos.

Podemos decir finalmente que con este film, Fincher recupera algo de la oscuridad perdida y nos demuestra que aunque se trate de una “remake” tiene muchas cosas para decir y explorar de la mente humana y la psicología de los personajes. De hecho estamos seguros por todas las diferencias citadas que NO es una remake de la sueca. Es una nueva adaptación de la novela de Stieg Larsson llevada a lo mejor de sus posibilidades cinematográficas. Desde el 2011 nos hace rezar porque David Fincher narre las otras tres novelas restantes, porque su Lisbeth es simplemente fabulosa.

Por Jimena Patiño

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