#649. All That Jazz (Bob Fosse, 1979)

★★★★★ (10/10)

All That Jazz

Bob Fosse, artista de la comedia musical, desplegaría su mejor obra y repaso total de su vida (sin saberlo del todo) en un film que tiene gran relación con el género musical pero del cual se aleja cuando es necesario para hallar fortaleza en el contenido dramático. Factor que, irónicamente, irá presentando la pérdida de fortaleza  del protagonista Joe Gideon (Roy Scheider en una suerte de clon de Fosse). No todo es jazz en el film y sin embargo es todo donde el director (el verdadero y el ficcional) dejan su vida, literalmente.

El film se encuentra divido en tres espacios donde Gideon siempre es el centro de atención, constantemente alabado y criticado bajo las luces del mundo del espectáculo. El laboral, donde en el teatro practica los ensayos de su nuevo show al mismo tiempo que lidia con su ex mujer Audrey (Leland Palmer) y la sala de edición donde se desvive por finalizar su más reciente film, el hogar donde está más presente para mantener relaciones con sus amantes que para estar realmente con su hija Michelle (Erzsebet Foldi) o su novia Kate (Anne Reinking) y por último aquel donde Gideon observa y dialoga  sobre su vida acompañado por Angelique (Jessica Lange), la seductora representación del ángel de la muerte. La exaltación, los abusos y el frenetismo imparable de una vida colmada de inspiración pero vacía de experimentar aquellos verdaderos momentos de placer (dejando de lado lo carnal), todos elementos de espacios que se traducen en imágenes de un montaje enérgico acompañado por música de Vivaldi. La pérdida de la vida dentro de un arte con más de una.

All That Jazz evita en la mayor parte de su desarrollo las grandes puestas de los clásicos musicales de cine o inclusive de Broadway, tan conocidos por el autor, para permitir dar lugar no tanto a la presencia del artista en ascenso sino al paralelo opuesto que supone su vida en descenso. Con la sutileza de los detalles y la acumulación de sucesos en una vida donde el artista se marchita pero la obra lograda brilla ante el público, Fosse presenta arte y vida, dándole una mirada individual a cada uno y uniéndolos totalmente en lo que es dejar la vida sobre el escenario.

Fosse logra tocar con humanidad las vivencias del personaje, sin pretención en un mundo donde está llena de ella (y algo que, hablando de lo mismo pero sin sutileza de discurso o sentimiento empático, no supo lograr Iñárritu con su Birdman). El director dota de elementos autobiográficos al film no solo contando el ataque cardíaco que sufrió durante los ensayos de Chicago, sino también creando su propio fatídico y premonitorio final que años más tardes se cumpliría. La forma en que reúne lo musical, ahora sí con el despliegue de Broadway, junto al climax dramático que acerca al protagonista a la muerte es la conglomeración de toda una carrera (en cuanto a Fosse) y todo un desarrollo de acciones y errores (en cuanto a Gideon).

Gustavo Cerati, otro artista que se fue antes de tiempo, supo decir en unos de sus temas: “Poder decir adiós, es crecer”. Personaje y director se despedían en un acto final con todo el esplendor de las grandes producciones y a la vez que se acercaban a la compañía de la bella Angelique, crecían junto al film todavía mucho más. Uno que, a pesar de los años, con cada visionado y cada nueva despedida continúa creciendo al igual que el hombre detrás de la obra. Los clásicos nunca mueren, sus creadores tampoco.

Por Nicolás Ponisio

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