#914. Trainspotting (Danny Boyle, 1996)

★★★★★ (10/10)

trainspotting-1996-03-g

El film que pasó a darle notoriedad en el mundo cinematográfico a Danny Boyle (que ya contaba en su haber con otra joya no tan reconocida llamada Shallow Grave) logra dar un ágil vistazo al mundo de las drogas pesadas con un equilibrio sostenido por el humor y el drama.
 
Trainspotting, basado en la novela homónima de Irvine Welsh,  mueve a los personajes dentro de la historia entre la estilización moderna del videoclip y el contenido de las imágenes. Esto lo lleva a resaltar las acciones y emociones de un grupo de drogadictos escoceses con el exceso enérgico que transmite el intenso viaje de los personajes, centrado principalmente en la figura de Renton (Ewan McGregor), el único con la capacidad de poder escapar del submundo en el que vive.
 
Boyle dota a su film de excesos como si fuera el dealer que le provee a la obra su néctar adictivo. Los elementos adrenalínicos que conforman al film no toman posición moralista alguna respecto al consumo de drogas, sino que resaltan los efectos del consumo y la rehabilitación que tientan y horrorizan por igual. Al igual que la sociedad y el peor comportamiento humano, éste último resaltado sobre todo en el inestable Begbie (Robert Carlyle), forman parte de un circulo vicioso igual o peor que la adicción por la heroína.
 
Es así como, hijo de su era, el film hace uso de la unión de la música moderna para envolver a su modo la vida de esta “nueva generación” sin futuro desde su concepción. El acompañamiento de temas de Blur, Pulp, Iggy Pop, Lou Reed o Brian Eno no solo aportan un carácter “cool” a la obra sino que también contextualizan los estados alterados de Renton y compañía.
 
La unión de la música con la estética sensorial conforman una pareja perfecta para su aspecto. Un viaje al interior de un inodoro o el delirio pesadillesco causado por la abstinencia se integran con naturalidad a la trama, siendo el resultado de dicha combinación. Imágenes que se graban poderosamente, siendo una de las mejores aquella en la que Renton se hunde en una alfombra como símbolo de la sobredosis que está sufriendo acompañado por Perfect Day de Lou Reed. Todo con una clara búsqueda de impacto y estilo que le brindan personalidad a la obra.
 
Como una suerte de A Clockwork Orange de los noventa, el film halla su ultraviolencia no en el ataque hacia otros sino a uno mismo. La autodrestrucción en máxima expresión inyectada en las venas. Un plano detalle del interior de la jeringa muestra el contenido de una mezcla de heroína, sangre y mugre. Ingredientes pertenecientes a la vida de cada uno de los llamados amigos, fuera y dentro de su viaje hacia lo más bajo de su ser. Trainspotting supuso un golpe en la cara del espectador, despabilándolo, ofreciendo algo nuevo, joven, salvaje y demoledor.
 
Su efecto aún continúa siendo el mismo y el golpe, veinte años después de su estreno, sigue resonando con fuerza. Una obra pura y dura, con efecto duradero que no solo permite elegir la vida, sino también seguir eligiéndola a ella.
Por Nicolás Ponisio
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s