★★½ (5/10)

El arte de la seducción no reside en todos y claramente, en el caso del director John Dahl no es la excepción. Si bien con lo que se refiere a su trabajo en la pantalla chica (a cargo de episodios de series como Dexter, Hannibal, House of Cards y Jessica Jones) ha sabido cumplir con las expectativas de las distintas fórmulas televisivas, continuando una línea establecida a seguir, no ocurre lo mismo en el séptimo arte. A la hora de demostrar su carácter seductor cuando posee una mayor libertad sobre el material, el director termina dotando a su trabajo de una identidad cuasi esquizoide.
The Last Seduction comienza planteándose como un interesante thriller envuelto de sensualidad, engaños y elementos criminales que invitan a poner la mirada sobre él. Esos elementos que lo conforman son acompañados por la presencia de Linda Fiorentino (que de linda no solo tiene el nombre) en el rol de Bridget, una mujer ambiciosa, fría y manipuladora que solo brindará calidez corporal siempre y cuando pueda sacar ventaja de ello. Es a través de ella, y de cómo la cámara se pasea por su cuerpo, que el film hace uso de la sensualidad que anuncia desde su título, pero que al acceder a ella no ofrece más que un total desinterés hacia la trama.
La historia se desarrolla alternándose entre Clay (Bill Pullman), el marido de Bridget que intenta dar con ella luego de que la mujer le haya robado el dinero ganado por la venta de recetas de drogas farmacéuticas, el escape de Bridget que abandona su identidad y la gran ciudad para camuflarse en un pequeño poblado y la manipulación sexual que ejerce sobre Mike (Peter Berg) para poder salirse con la suya. Cada uno de los integrantes de ese triángulo protagónico no hacen nada para generar el menor carisma posible o interés para con ellos. Ninguno posee matices, son blancos y negros siendo los extremos la absoluta maldad (por parte de ella) y la estupidez total (por parte de ellos).
La trama criminal se ve hecha a un lado entre secuencias sexuales, problemáticas amorosas de telenovela o resoluciones tiradas de los pelos que tiran por la borda el momentáneo suspense construido. El librarse de un investigador privado haciéndolo volar por el parabrisas al instigarlo a mostrarle su miembro o manipular a su amante para luego ser acusado de asesinato y violación son tan solo algunos de los juegos descabellados con los que Bridget domina al sexo opuesto de manera poco creíble, más al servicio de la trama que a lo verosímil de ella.
Y si eso no fuera suficiente, la banda sonora se encarga por dotar al film de una crisis de identidad que acompaña por momentos a la historia con un soundtrack que pareciera pertenecer más a una comedia que a un thriller, desentonando en cada momento con las imágenes en pantalla. Esas que en un principio seducían no solo con una figura femenina sino con una construcción que abría el apetito visual por saber qué ocurriría. Pero, en vez de ello, termina abriendo interrogantes sobre cómo podrá concluir debido a la constante alternancia que no termina por definir hacia donde quiere ir la trama o el director. En definitiva, una seducción que no se concreta, que mata las ganas y que de arte tiene poco y nada.
Por Nicolás Ponisio
Categories: 1001 Películas

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