#874. The Lion King (Roger Allers y Rob Minkoff, 1994)

★★★★★ (10/10)

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La década del noventa fue una etapa de grandes hitos de la animación, nacidos de la casa del ratón. Beauty and the Beast y Aladdin eran los primeros en sumarse a la larga lista de clásicos que cohabitan en el castillo animado y que se volverían históricos en los años venideros, como también lo harían en el mismo período The Hunchback of Notre Dame, Hercules, Mulan y Tarzan. Todos, en sus diversas formas, merecidos de ocupar un lugar en el podio de la mejor animación (nótese que opte pasar por alto a Pocahontas).
 
Pero solo uno, entre todos los films, se erige con elegancia y una superioridad nunca vuelta a ser alcanzada, con un total de perfección en la animación tradicional. The Lion King sube con su andar a la cima de la roca y es observado por el resto de los integrantes de la familia animada y por el público alzando miradas en un éxtasis de admiración.
 
El film encuentra su poderío en la técnica más que en el hilo narrativo de Simba (Matthew Broderick) y su camino del héroe (ya todos conocemos la historia de Hamlet y del animé Kimba). Sin embargo el film de todas formas no descuida su historia aportándole interesantes elementos como la tiranía política de Scar (Jeremy Irons) y la filosofía hippie de Timon y Pumbaa (Nathan Lane y Ernie Sabella), los gurúes del Hakuna Matata.
 
Es la maestría en conjunto de la animación y la banda sonora la que eleva al film por sobre otros y lo que hace que la narrativa y el sentimiento por los personajes se realcen y formen una empatía única. Algo que sorprende dado que se trata de un relato clásico pero que marca su diferencia no en el qué se cuenta, sino en el cómo.
 
La conjunción musical entre la orquestación del compositor Hans Zimmer utilizando ritmos y cánticos africanos y el empleo de las canciones de Elton John y Tim Rice (llevándose el cariño de todos Can You Feel the Love Tonight) funcionan a la par sin sentir que se está ante dos estilos tan diferentes. Lo mismo ocurre en el plano animado, donde la introducción del film (al ritmo de The Circle of Life) es una reproducción de la vida animal de la Sabana totalmente realista, mientras que los personajes principales gozan de un tratamiento más caricaturesco (sobre todo lo referido a personajes como Timon, Pumbaa y el trío de hienas).
 
Los personajes son rodeados por paisajes naturalistas, invadido en ocasiones por diseños en extremo coloridos, lúgubres e incluso con un leve toque de expresionismo. Todos elementos contrastantes que no hacen más que resaltar los sentimientos de los personajes a través de las tonalidades y los ambientes expuestos en cámara.
 
Es por todo ello, la excelencia, el atreverse y el resultado que dota de sentido y sentimientos al viaje de Simba que, hoy en día, The Lion King persiste en la memoria y es celebrado como una gran pieza en la historia del cine. Un film que, con más de veinte años, brilla con toda su gloria en el cielo del celuloide siendo parte de los grandes reyes del pasado.
Por Nicolás Ponisio
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