★★★½ (7/10)

En esta adaptación de la novela homónima de Raymond Chandler, Robert Altman se permite reconfigurar la estética y trama del típico film noir (en este caso neo-noir), adaptando la historia original al tiempo presente. Este desplazamiento produce -indefectiblemente- cambios profundos en las relaciones entre personajes (mayor liviandad) además de infundirle un carácter satírico al argumento.

Pero por otro lado, en el movimiento a través de estilos narrativos y ritmos dramáticos dispares, se pierde gran parte de la esencia claustrofóbica y oscura del film noir. Si bien ciertas escenas (o momentos) poseen una intensidad dramática memorable (pudiendo citar como ejemplo el momento en el que un matón ataca con una botella de vidrio a una indefensa señorita, ante la mirada atónita del protagonista), otras se diluyen en conversaciones extensas con elucubraciones inertes sobre el devenir de los acontecimientos.

El gran acierto de la película es la caracterización del detective protagonista (Philip Marlowe), personaje que irá desentrañando los misterios en torno al dudoso suicidio de un amigo en circunstancias apremiantes. Interpretado virtuosamente por Elliott Gould, este detective típico de los ámbitos urbanos, y experto en su trabajo de investigador, es el elemento transgresor de la película, y una clara referencia a la estética neo noir imperante en toda la película, en el sentido de que su caracterización parece no encajar del todo en el universo de la narración. Este recurso termina jugando a favor debido a su capacidad para llevar al límite los esquemas del film noir, claramente absorbidos por el espectador de 1973.

Por Hernán Touzón

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