★★★★ (8/10)

Oskar y Eli (Kåre Hedebrant y Lina Leandersson) son outsiders. Están dentro de una sociedad a la cual no pertenecen, sea por el carácter introvertido de Oskar que lo sitúa en la mira del maltrato de sus compañeros de clase o por la condición padecida por Eli que la hace salir por las noches a bebe sangre humana.

La blancura nevada de los paisajes suecos pareciera exteriorizar lo solos que están los personajes. El rastro de sangre dejado en la nieve conducirá a Oskar a entablar una relación de amistad y romance con la niña vampiro, logran encontrarse y se complementan dentro del impedimento de ser parte de su sociedad, de distintos grupos o de la propia familia.

Eli solo tiene una figura paterna que lleva a cabo todas las noches la labor de cazar a sus víctimas y Oskar se halla en el centro de un hogar roto, donde la figura materna y paterna en raras ocasiones se hallan presentes. Es en medio de la nieve, de la desolación y la incomprensión por parte de otros que los niños pueden formar un vínculo único, que en raras ocasiones logra darse o que en ciertos casos nunca se ha dado.

Tomas Alfredson engloba perfectamente el género de horror/fantasía haciéndolo funcionar con el tono dramático que representa la entrada a la pubertad, la rebeldía y la sensación de no pertenecer a ningún lugar. Dentro de la temática vampírica se permite captar un realismo propio de esa etapa en la que se comienza a abandonar la niñez y se ingresa a un nuevo mundo de deseos y sensaciones, antes tan descabellado como la existencia del folclórico ser de la noche. El armado de un cubo rubik, una leve caricia de pequeños dedos que se pasean juguetonamente sobre una espalda desnuda o la comunicación en código morse mediante una pared, registran una ternura romántica que salva a los niños de su soledad y al espectador de una frialdad que se derrite atestiguando esos momentos.

El mito del vampiro tiene sus reglas específicas, una de las cuales indica que la criatura no puede entrar a habitación alguna sin antes ser invitado. El título del film hace alusión a dicha regla, y a la vez simboliza la necesidad de Oskar y Eli de poder ser aceptados. Es gracias a su relación que ambos niños se permiten entrar mutuamente en la vida del otro. Por más que Oskar tome valentía y se enfrente a los niños que se violentan contra él o que Eli deje de ser perseguida por quien quiere darle caza, no hay pertenencia alguna salvo estando lado a lado, encerrados no en sus mundos individuales sino en el amor que se profesan. Uno que seguramente las personas que los rodean nunca comprendan, ya que su amor está escrito en código morse y solo es traducido por aquellos que lo(s) sepan comprender.

Por Nicolás Ponisio

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