#1087. The Dark Knight (Christopher Nolan, 2008)

★★★★ (8/10)

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Hay una gran creencia, por parte del público, que siempre ha rodeado al segundo film de Christopher Nolan dedicado a la figura del cruzado encapotado. Una relacionada a que el éxito del mismo y sus aspectos buenos solo se deben a la figura central del villano. Una vez más, hablamos del Joker (Heath Ledger). Muy atrás quedaron Cesar Romero, Jack Nicholson e incluso Mark Hamill con su versión animada del payaso maniático. Todos ellos estuvieron alguna vez en los zapatos del Joker, siendo Hamill el mejor de los tres nombrados. Sin embargo, con la llegada de Ledger esos zapatos volverían a ser usados, esta vez con navaja saliendo de sus puntas como muestra salvaje de la clase de villano con la que se está lidiando.

No hay duda alguna de que esta versión anarquista del Joker, autodenominado agente del caos, es el elemento más atractivo del film, el que destaca y se graba a fuego en la retina extasiada. La locura y el horror son impulsados por él en la forma de una bola de nieve imparable que solo se hará más y más grande antes de colisionar con toda su fuerza. Pero sería bastardear de forma caprichosa al film y a Nolan como director (que se lo merece pero no en esta ocasión) señalar al personaje de Ledger como único mérito de la obra. Sobre todo por el contenido y la visión de los personajes que, unidos al villano, terminan por conformar una historia con dejo de tragedia griega. Así como héroe y villano se complementan, también lo hacen los personajes con el contenido del film.

Y es que el punto de inflexión se da gracias a la interacción de los personajes y los impulsos que los hacen actuar. El pesar de llevar la capa de vigilante, la frustración de combatir el mal de una ciudad o la imposibilidad de abandonar la miseria, la soledad y sobre todo de hacer el bien. Puntos que enlazan, en mayor o menor medida, al trío protagónico con intenciones de erradicar a los criminales. Batman (Christian Bale), el sargento y futuro comisionado Jim Gordon (Gary Oldman) y el recto e idealista fiscal de distrito Harvey Dent (Aaron Eckhart) entablan una relación de trabajo y amistad con el propósito en común de proteger a Gotham. Dicha relación está anclada con el arco de los cómics de la miniserie Batman: The Long Halloween (Jeph Loeb y Tim Sale, 1996-97), y si bien lo trasladado al film solo es una leve inspiración en el accionar en conjunto de estos tres personajes, con sus diferencias el camino construido termina llevándolos al mismo destino: al infierno destructivo de mente y espíritu.

Es aquí, con estos personajes capaces de salvar una ciudad pero incapaces de salvarse a ellos mismos, que el film haya una profundidad antes nunca alcanzada, quizás solo un poco rasgada en su superficie. Lo hace entrando en puntos de comparación, o una suerte de remake muy libre, con el film Heat (Michael Mann, 1995). The Dark Knight se enlaza a la máxima obra de Mann desde su intenso comienzo donde se atestigua un experto asalto a un banco por parte de una banda de criminales (en vez de máscaras de hockey estos llevan máscaras de payasos) y que concluye introduciendo al demente Joker. Eso antes de verlo marcharse en un autobús escolar que se pierde entre una multitud de vehículos similares, así como en cierta forma lo hacía la banda liderada por Neil McCauley (Robert De Niro) a bordo de una ambulancia.

Los intentos de Gordon, Dent y Batman por atrapar al Joker marcan un paralelo cinematográfico y un constante tono persecutorio con Heat, conservando a la vez el empeño del teniente Vincent Hanna (Al Pacino) por encarcelar a McCauley y sus ladrones de banco. Pero Nolan no se limita meramente a referenciar desde secuencia y género, sino que va más allá revelando el interior de estos personajes, a su modo expone la contienda y los paralelismos entre sí como Mann lograba hacerlo con sus protagonistas.

Con la presencia de Dent personificando la esperanza del fin de la mafia, es Batman quien ve la posibilidad de estar cerca de abandonar el traje de murciélago. De poder aferrarse a la idea de estar finalmente con su amada Rachel (Maggie Gyllenhaal en reemplazo de Katie Holmes) y tener algo más que violencia y magulladuras. Similar a la búsqueda de McCauley por abandonar su política de no mantener lazos con nadie. En ambos casos, el poder hacerlo se les es negado por factores conducidos por ellos mismos. Porque no pueden luchar contra su verdadero ser, y por más que se rehúse a creerlo, la verdadera identidad de Bruce Wayne es Batman y no viceversa. Cuando esté frente a frente con el Joker en una sala de interrogatorio (o bien podría ser una conversación con una taza de café de por medio), el reflejo, el complemento entre sí estará más que claro hundiendo al encapotado todavía más en una espesa oscuridad.

En el otro extremo, pero caminando en paralelo con el caballero oscuro, se halla Harvey Dent quien, a mi parecer, siempre ha tenido uno de los arcos más oscuro como origen de villano (solo quizás superado por el de Mr. Freeze y claramente no hago referencia al interpretado por Schwarzenegger). Tanto en el mencionado The Long Halloween como en el film de Nolan, es desesperante ver la transformación que se va dando con el personaje. Mientras que el Joker es un villano del que nada se sabe y por ende no se permite en ningún momento comprenderlo, con Dent el film intenta centrarse mayormente en su labor, su moral, y cómo ambas se van deshaciendo poco a poco al igual que más tarde ocurriría con la mitad izquierda de su rostro.

Esa misma imposibilidad del trío heroico por lograr tener éxito en su misión se ve reflejada en el deseo irrefrenable que siempre me ha embargado con relación a la historia de Dent. Sea leyendo el cómic mencionado o el film que concierne a esta nota, ambas interpretaciones despiertan el deseo de que, al menos por una vez, los hechos ocurran de manera diferente. Que todo el dolor vivido por Dent, sus frustraciones y temores sean hechos a un lado y su vida termine corriendo mejor suerte. De más está decir que para el corazón dolido de quien escribe esto jamás ocurre.

El director británico pone todo a disposición para que uno como espectador se preocupe y desespere por el personaje. Y obviamente lo logra haciendo uso del villano principal. Ya desde el primer ataque hacia Dent, cuando el Joker irrumpe en una fiesta de Bruce Wayne, hay un aura de peligro inminente que rodea al personaje y que se irá acrecentando todavía más conforme avance el film.

Serán las secuencias como la persecución al camión blindado, el secuestro de Dent y Rachel o el dolor representado en su rostro con un grito enmudecido los que ponen en marcha una serie de tour de force narrativo. Escenas desenfrenadas, entre ellas también se halla la referida al interrogatorio, que hacen un excelente uso del suspenso como nunca volvió a lograrlo hasta ahora el director. Una grieta que se abre en la pantalla hundiendo al querido fiscal de distrito cada vez más en el infierno.

El problema yace en que toda esa vorágine tiene el poder de lo que sería un gran climax final y la misma se encuentra alojada a la mitad del film. Por lo cual hacia el final del mismo hay una pérdida de fuerza que no sabe aprovechar del todo bien lo construido anteriormente. La breve presencia de Dent convertido ya en Two Face y la escena de los botes que roza el absurdo terminan desaprovechando de manera drástica los momentos culminantes. Sobre todo la segunda mencionada que desvía la atención de elementos con mayor peso como lo es el conflicto interno tanto de Batman como de Gordon, desesperados por salvar al ángel caído que es Dent.

Es en los breves minutos finales que el film vuelve a adoptar su identidad de tragedia griega posicionando en el centro del drama a Batman, Gordon y Dent, culminando con uno de los finales más trágicos y desesperanzadores que el murciélago ha tenido en pantalla (seguramente seguido por esa triste noche de navidad con la que finaliza Batman Returns). Sea desde el origen de Two Face, la relación entre Batman y el joker o los paralelismos con Heat y la dualidad interna de los personajes, el film termina siendo una moneda como la que suele arrojar el fiscal. Labrado desde la complejidad de sus personajes, el resultado es un film con más de dos caras.

Por Nicolás Ponisio

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