#1147. The Wolf of Wall Street (Martin Scorsese, 2013)

★★★★ (8/10)

THE WOLF OF WALL STREET

Hay pocos directores que poseen el pulso fílmico juvenil de Scorsese a su edad. Es más, me atrevería a decir que quizás solo George Miller y William Friedkin se les equipara. La tríada de directores septuagenarios que no han sido sobrepasados por sus obras previas. Si Friedkin cruzaba la línea y se volvía obsceno en Killer Joe (2011), con violación alimenticia inclusive, el querido Martin entonces no cruza la línea sino que la borra por completo en The Wolf of Wall Street.

Es obsceno, pornográfico, violento (esto no es nada nuevo pero la violencia física sobrepasa la mente y todo lo que el cuerpo del personaje de DiCaprio pueda soportar, siendo ésta un síntoma de enfermedad más que un tiro en la sien), extravagante, en pocas palabras es excesivo. Si Hugo, el anterior film de Scorsese, había sido una tierna carta declarada de amor al cine y sus inicios llena de inocencia, The Wolf of Wall Street es una carta de amor a su propio cine con la tinta corrida, abollada y llena de manchas.

Jordan Belfort (DiCaprio) es Jake LaMotta, es Henry Hill en Goodfellas, es la extravagancia, lo impredecible de Joe Pesci en Casino o la inestabilidad de Rosanna Arquette en Afterhours. Una mezcla de drogas, alcohol y dinamita que adopta forma humana en la sobreactuación de DiCaprio y su fiel compañero encarnado por Jonah Hill, con el cual nos regala una de las mejores escenas de sobredosis de los últimos años.

Scorsese a su edad parece vivir al máximo y a una velocidad tal que parece volverlo indestructible. La cámara es su puño ensañado con nuestro rostro al que quiere dejar con el ojo reventado y latiendo. Se permite incluso volar por los aires la edición del film y volverla por momentos un exceso más. Puede molestar, puede gustar, sea como sea encuentra su lugar y la fiesta continúa.

En una escena, uno de los personajes dice que el riesgo es lo que hace sentir jóvenes a las personas. Scorsese habla a través de su creación y en cierta forma demuestra el secreto de su juventud, y si el film parece estar por perder fuerza ahí está Martin para darle otra inyección de adrenalina (o aspirar otra línea de cocaína vendría mejor al caso) y continuar lo que se ha convertido en la fiesta inolvidable de un director inolvidable.

Por Nicolás Ponisio

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