#176. Mildred Pierce (Michael Curtiz, 1945)

★★★½ (7/10)

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Los valores familiares se presentan en el film de Curtiz como la construcción de un monstruo que, en vez de unir los lazos familiares, los destruye por completo. La dificultad de la mujer en 1940 para subsistir independientemente de los hombres y el ocupar el rol de madre soltera están como obstáculos a vencer por Mildred (la siempre conflictiva Joan Crawford). Mildred debe afrontar su precaria situación económica, la infidelidad de su primer esposo y el constante flirteo de un amigo, y ella lo hace todo para poder crecer como persona y poder brindarle lo mejor a sus hijas, en especial a su primogénita.
Veda (la aún más problemática Ann Blyth, al menos solo en ficción) es una adolescente que todo lo quiere y, gracias al esfuerzo de su madre por consentirla, todo lo tiene. El núcleo destructivo del hogar familiar no pertenece a un factor externo sino al mismo epicentro familiar. La sangre une, debilita, engaña, destruye e incluso derrama más sangre. Mildred se desvive por su hija, por ver una sonrisa imborrable en su rostro. Veda vive y exprime el sueño americano mientras que todo lo contrario ocurre con su madre, quien tan solo vive en la pesadilla americana de la cual no puede escapar.
Curtiz divide a la trama entre el film noir y el melodrama puro. El acribillado cuerpo del segundo esposo de Mildred, Monte Beragon (Zachary Scott) abre el film con un gran interrogante y permitiéndole al mismo formar de una estética digna del policial negro, donde todos los personajes son sospechosos y se encuentran atrapados en un espiral de claroscuros. Lo cierto es que dicha estética es abandonada del todo cuando, a través de un extenso flashback, se pasa a contar todo lo ocurrido para saber cómo se llego al punto inicial del film. Un contraste importante para con su primera parte pero que de todas formas mantiene la atención y el interés en una trama con el encanto de su época que también recuerda mucho, sin llegar a su nivel, a esa genialidad del melodrama que es Invitation of Life (Douglas Sirk, 1959).
Los personajes no se hallarán ya envueltos por el espiral del noir pero lo siguen haciendo a través de los caprichos de Veda y el pesar de Mildred. Un dolor más realista y cruento que se corresponde perfectamente con la segunda estética tomada por el director de Casablanca (1942). A veces el amar demasiado es suficiente para desatar lo peor. La sangre tira pero no siempre se sobrevive a la caída. El dolor y el error humano expresado tan contundente como una bofetada (y aquí hay varias). Un film que convence de que los caimanes hacen bien al comerse a sus propias crías.

Por Nicolás Ponisio

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