★★★★ (8/10)

Sin llegar al nivel de climas logrado anteriormente por clásicos hollywoodenses sobre investigaciones reales como All The President´s Men (Alan J. Pakula, 1976) o JFK (Oliver Stone, 1991), el actor y director Thomas McCarthy se despacha con un ensayo contundente sobre las miserias y complicidades en la cúpula de la Arquidiócesis de Boston.

Ambientada durante los meses anteriores y posteriores al 9/11, la película tiene como protagonista al equipo de investigación Spotlight (dependiente del diario Boston Globe) y narra los sucesos que fueron desarrollándose en torno a una serie de abusos sistemáticos contra menores de edad, perpetrados durante los últimos 30 años por casi un centenar de curas de la ciudad.

Cuando Marty Baron (Liev Schreiber) asume la dirección editorial del diario bostoniano, con la misión de reorientar los recursos y realizar ajustes de presupuesto, le indica al editor del equipo Spotlight sobre la necesidad de enfocarse en noticias de gran peso editorial, para contrarrestar la migración de lectores desde el formato papel hacia el digital.

Así es como accedemos a los pormenores del trabajo de investigación llevado a cabo por el equipo Spotlight, en un contexto en el cual Internet estaba lejos de la omnipresencia de la actualidad y las redes sociales aún no habían hecho eclosión. Robby Robinson (Michael Keaton), el editor de Spotlight, se presenta como el entrenador antes que el jefe, quien tiene la misión de encauzar el trabajo de sus colegas antes que dar ordenes desde su escritorio.

El equipo es completado por Mike Rezendes (Mark Ruffalo), encargado de lidiar con los temas más sensibles como el trato con jueces y el abogado de las víctimas de abuso (Garabedian, interpretado por un brillante Stanley Tucci), Sacha Pfeiffer (Rachel McAdams) junto a Matt Caroll (Brian D´Arcy James), quienes se encargan, entre cosas, de entrevistar a las víctimas, y el editor Ben Bradlee Jr. (John Slattery).

La diferencia de paradigmas está a la vista: si Spotlight tiene una dinámica horizontal, la Iglesia funciona de manera vertical. La idea de Baron no es ir únicamente contra los curas abusadores, sino más bien realizar una denuncia que ponga en evidencia las complicidades dentro del sistema eclesiástico mismo, para que las responsabilidades alcancen a las máximas autoridades y luego se dispersen hacia abajo.

Pero la cara visible es Robby y no Baron, quien no tendrá una tarea sencilla. Nacido y criado en la ciudad de Boston, se verá en la disyuntiva de hacer lo correcto o callar para quedar bien con sus pares de la ciudad, incluyendo a su mejor amigo, fuertemente ligado a la Iglesia local.

La investigación se desarrolla agilmente entre visitas a un abogado que se vuelve clave por su conocimiento del caso (Garabedian), el pedido judicial para la liberación de documentos supuestamente inaccesibles, la ayuda de un ex cura que se volcó a la psiquiatría y los testimonios de las víctimas de abuso. A través de esos testimonios, cargados de dolor e incomodidad, conocemos a las personas reales, luchando por dejar atrás los hechos que marcaron sus vidas para siempre.

El impacto mediático y social de la nota de Spotlight, publicada posteriormente a los eventos del 9/11, que además les valió un Pulitzer en 2003, fue apabullante. Finalmente, la película refuerza su tesis central: la necesidad del periodismo de investigación de contribuir a la justicia y a la verdad, apelando a la razón y no a la fe, sin medir las consecuencias.

Por Hernán Touzón

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